El Comité Internacional de la Cruz Roja suspendió ayer todas sus operaciones en Colombia después de que campesinos desplazados por la violencia irrumpieron violentamente en su sede principal tomando como rehenes a 40 funcionarios, informó un portavoz.
Alrededor de 100 campesinos, todos los cuales han huido de diferentes regiones para poner a salvo sus vidas, tomaron el martes en la mañana la sede del organismo internacional para exigir al gobierno la solución de sus problemas económicos y sociales.
"Hemos suspendido operaciones en todo el país. Esto fue muy agresivo y estamos retenidos por los campesinos. Hay unos 39 ó 40 de nosotros que no podemos salir", dijo a Reuters un funcionario de la Cruz Roja Internacional.
"No hay razones claras para esta acción, estamos intentando negociar, pero no tienen líderes, es la locura" agregó.
La Cruz Roja Internacional tiene 60 delegados extranjeros y 220 colombianos en este país sudamericano, que enfrenta el conflicto más prolongado del continente en el que intervienen rebeldes izquierdistas, paramilitares de ultraderecha y las fuerzas armadas.
En septiembre de 1999, la Cruz Roja Internacional salió de Timor Oriental y en noviembre de Chechenia como consecuencia de la agudización de los conflictos en esos países.
El funcionario de la Cruz Roja precisó que la decisión de suspender operaciones fue adoptada por el jefe de la delegación, Rolin Wavre, y no por Ginebra.
Los campesinos que participan en la protesta y en la toma de la sede del organismo internacional anunciaron que permanecerán indefinidamente.
"No vamos a salir de aquí hasta que sean atendidas nuestras demandas", dijo Gustavo Cepeda, uno de los dirigentes de la protesta.
El centenar de campesinos rompió vidrios al irrumpir en la sede del organismo internacional, situado en una exclusiva zona residencial y comercial del norte de Bogotá.
La larga guerra en Colombia ha dejado por lo menos 1,2 millones de desplazados, o refugiados internos, sólo en los últimos 10 años --una de las tasas más altas fuera del continente africano.
El enfrentamiento, el más prolongado del continente, también ha cobrado la vida de 35.000 civiles en la última década.
"La protesta la hacemos 1.200 campesinos, pero aquí estamos sólo una parte. Venimos de todas partes del país desplazados por la violencia y tuvimos que acudir a la fuerza, porque nos estaban mamando gallo (ignorando)", afirmó Cepeda.
Los campesinos exigen que el gobierno les solucione de inmediato sus problemas de vivienda, alimentación, asistencia médica y educación, reubicándolos en un sitio en donde puedan trabajar la tierra y ser productivos.
Ningún funcionario del gobierno se hizo presente de inmediato en el lugar de la toma y la manifestación.
Los campesinos expresaron su temor por un desalojo por la fuerza luego de la presencia en el lugar del comandante de la Policía Metropolitana, general Argemiro Serna, quien calificó la toma como "un secuestro".
NIÑOS Y MUJERES SUFREN LAS CONSECUENCIAS
Un grupo antimotines de la policía intentó ingresar al edificio en la mañana, pero los manifestantes se lo impidieron, registrándose un forcejeo que no paso a mayores.
Decenas de niños tirados sobre cartones y plásticos permanecían en el suelo, en la entrada del edificio, mientras que otro grupo de manifestantes llegó hasta los pisos altos de la edificación donde gritaba frases en contra del gobierno.
Otro grupo de niños y mujeres permanecía en refugios construidos con plásticos y cartones en la calle, al tiempo que las mujeres preparaban alimentos en una inmensa olla y en una improvisada hoguera.
"A mí me sacaron los paramilitares de una tierra que tenía, me tocó venirme a mendigar con mi esposo y cinco niños a la ciudad, a vivir en la miseria y de la caridad pública", relató Josefina Jaimes mientras ayudaba a preparar una sopa para alimentar a los manifestantes.
"Los campesinos colombianos sufrimos los rigores de esta cruel guerra y tras del hecho nos llaman guerrilleros", concluyó la mujer con lágrimas en los ojos.