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Democracia y Desarrollo: Camisas que nos quedan grandes

"…ante el estado de cosas y el gran peligro que se cierne sobre el país, la Constituyente es imprescindible para lograr un documento estructural que defina nuevas reglas y objetivos específicos…"


La democracia ha significado para el país un mecanismo político básico para el desarrollo de nuevos valores como lo es la lucha por los derechos humanos, el derecho a la libertad, a la educación, ala vivienda, la salud, etc. Cada día hay más conciencia que, como sociedad, tenemos que hacer algo por los más desposeídos. Y cada día se necesitará más determinación para luchar contra el flagelo de la corrupción que causa tanta pobreza.
Esos mecanismos políticos son cada día más efectivos gracias al gran avance de los medios de comunicación, tanto tecnológica como conceptualmente. De igual manera el desarrollo económico del país y del mundo ha encontrado en la democracia, la base para ampliar el desarrollo en las tres últimas décadas. Hoy día hay más riqueza en el país y en el mundo, pero esta realidad no deja de ser un slogan economista y financiero, pues no ha llenado el cometido social.
No se puede negar que Panamá avanza en los dos aspectos. Pero este avanzar, en lo que ha democracia se refiere, es producto de la enorme presión que ejerce la ciudadanía. Está cada día más y mejor informada, desarrollando esa información un nivel superior de cultura, lo cual es positivo aunque no es el nivel de educación que realmente se requiere y desea.
En estos momentos nuestro país atraviesa una de sus peores crisis. Esta crisis no es económica, a pesar del aumento del combustible, la energía eléctrica, la canasta básica, etc. La crisis a que nos referimos es la de credibilidad.
Debido a las terribles actuaciones de la sociedad en general, pero sobre todo por los órganos del Estado durante todo el período democrático, pero con mayor énfasis en los últimos períodos, la sociedad panameña no cree en políticos, empresa privada, sindicatos, estudiantes, iglesias, profesionales, etc. La razón de la desconfianza en nuestras instituciones es porque los actores, que somos todos, no hemos estado al nivel alcanzado por la democracia. Es decir, que estos conceptos nos han rebasado y nos hemos quedado con viejas costumbres y vicios. Por ello tenemos políticos electoreros que prometen lo que no pueden cumplir y no les importa con nada. Por la misma razón tenemos magistrados, jueces y fiscales cuya meta es llegar a esos puestos para resolver sus problemas personales, sin preocuparles el clamor general por justicia que ya está tomando el contenido político de la etapa final de los años 80. También tenemos diputados cuyo principal objetivo es garantizar su reelección cuantas veces sea necesario y hacer de la "legislación" su forma de vida.
Tampoco es cierto que todo lo actuado por estos órganos es negativo. No, la realidad es que tenemos Constitución, Códigos y Leyes. El problema radica en que estas instituciones, sus hombres y mujeres cumplieron una etapa y se quedaron rezagados ante el avance de los nuevos conceptos democráticos de apertura, participación ciudadana y transparencia. Este fenómeno no es único de estas instituciones públicas. Este fenómeno afecta a la empresa privada, a los profesionales, a los obreros, estudiantes y otros, y en mi modesta opinión esta es la razón del estado de ansiedad, desasosiego y desesperanza que vive hoy día nuestra sociedad. Todos sentimos que en conceptos estructurales de valores el mundo que nos rodea nos ha dejado atrás. A esto ha contribuido los escandalosos actos de corrupción de fondos públicos y privados, y el tratamiento impune que le hemos dado en los últimos seis años.
Antes de que sea demasiado tarde es hora de hacer un alto y tomar los correctivos que sean necesarios por el bien de la patria. Nunca aprecié el concepto de Constituyente como la panacea que, de por sí, solucionaría los problemas del país; y todavía así lo aprecio, porque al fin y al cabo continuaremos siendo los mismos panameños con "nuestras costumbres y nuestros vicios", es decir la misma gente en su propio ambiente. Pero ante el estado de cosas y el gran peligro que se cierne sobre el país, la Constituyente es imprescindible para lograr un documento estructural que defina nuevas reglas y objetivos específicos sobre cómo debe ser nuestra educación, que establezca cuál va a ser nuestro esquema económico y financiero para enfrentar la desigualdad y la pobreza. Una Constituyente que coloque el mérito y preparación académica y profesional por encima de la mediocridad que campea con señorío por los predios de la justicia, la legislación y el profesionalismo. Así lograremos el nuevo hombre panameño, eliminaremos el hambre y colocaremos en la Corte, a la legislativa y a todo el engranaje gubernamental a los mejores hombres y mujeres. La reestructuración de la educación y una política nacional de exigir la excelencia en todos los ámbitos readecuará a nuestra temerosa empresa privada hacia nuevos horizontes de desarrollo.
La ampliación del Canal, los TLC, el desarrollo del turismo y el desarrollo del Panamá marítimo, sin una estructuración de nuestra sociedad, serán elementos que profundizarán nuestra crisis si no van acompañadas de reformas que deben irse ejecutando de manera concomitante para no frenar el desarrollo.
Esta es una estrategia que debemos desarrollar entre todos, tal como lo hemos hecho con la ARI, las reformas constitucionales y últimamente con la CSS. Escuchemos y analicemos todas las verdades y opiniones. No repitamos otra vez lo de la CSS donde dos años antes hubo opiniones, como la nuestra, que propusimos lo que dos años más tarde, se aprueba después de una gran crisis. Estamos a tiempo, postergar es acrecentar la crisis.
Esta visión temática es poderosa en cuanto a composición porque cada uno de los pintores, unos en forma figurativa, otros de manera abstracta y hasta algunos con la fantasía, consolidan un espacio lleno de vida, de sentimientos, sensaciones y de fuerza expresiva.
La selva, el mar, el aire y las flores recogen las técnicas y las fuerzas de los pinceles de estos maestros para poblar espacios que nos invitan a admirar nuestro alrededor y que cada día nos expone a través de la atmósfera, las nubes y la luz, las múltiples expresiones de su mágico lenguaje. Los cinco pintores transmiten en conjunto, el mensaje adecuado para cerrar un año artístico en esa galería.


fecha edicion
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216598
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América