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¿Deshojando margaritas o juntando estrellas?

Scolari tendría que decidirse entre armar un equipo laborioso o con riqueza futbolística de sus cracks.


Varios días después del estreno del seleccionado brasileño en el Campeonato Mundial de Corea y Japón 2002, aún se mantiene la incógnita más excitante que tiene en ascuas a los aproximadamente 170 millones de potenciales directores técnicos esparcidos en todo el territorio de este país-continente suramericano.
Y la inquietud por el desenlace de este suspense es la principal preocupación de la torcida que se encuentra entre la difícil disyuntiva de elegir el retorno de su scratch al, con cuyo artístico estilo conquistaron sus tres primeros campeonatos mundiales; o apelar nuevamente al fútbol chato y antiestético, resultadista a ultranza, con el cual, no obstante, lograron el tetracampeonato después de superar una larga sequía de frustrantes venticuatro años.
El mismo dilema de escoger una alineación que satisfaga a la exigente torcida, pero tridimensionado por la responsabilidad que implica dirigir al seleccionado más importante del planeta, pasó por la atormentada mente de Felipao quien al final se decidió, aunque no convencido, en apostar con riesgos calculados, después de muchas cavilaciones y de tantas idas y venidas, de conformar un equipo de superestrellas del firmamento futbolístico valuadas en su conjunto en más de 200 millones de dólares.
Luiz Felipe Scolari, un laureado estratega de la llamada línea dura entre los técnicos brasileños, dependerá de los resultados por cada una de las decisiones que adopte al plantear los partidos del hipotético poderoso scratch y someterse a que la torcida lo santifique o lo satanice y, también, a los criterios de los ampulosos medios de comunicación de su país que no escatimarían elogios para elevarlo al infinito y, que tampoco dudarían en mandarlo sin escala a la hoguera del infierno periodístico. Pero para suerte de los brasileños, Felipao ha demostrado con creces que él es un técnico valiente, que no se arredra ante la adversidad y que sabe resistir con estoicismo las presiones interesadas o desinteresadas de los diferentes estratos de la futbolizada sociedad brasileña.
El affaire Romario fue el más sonado y el que pudo consecuensialmente repercutir en la estructura sicológica del scratch. Y Scolari superó el duro escollo con altas calificaciones al lograr la unidad del equipo, hasta hace poco muy cuestionada en todos los ámbitos, precisamente por el vedettismo.
A la media hora de juego, Karpin tomó la batuta para dirigir la orquesta rusa, cuyos componentes desafinaban a la hora del remate.
Cuando expiraba el primer tiempo, Ruslan Pimenov desperdició una oportunidad de oro de abrir el marcador, al cruzar demasiado un balón que le llegó desde el lado derecho.
Y las oportunidades se multiplicaron en la segunda parte hasta que llegó el primer gol cuando prácticamente había transcurrido una hora. El tanto despertó instintivamente las ganas de los africanos de lanzarse en busca del empate, pero esa actitud se reveló a la postre negativa pues, al descubrir su retaguardia, abrieron espacios por los que se infiltraban una y otra vez las huestes de Karpin, hasta que conquistaron el segundo tanto.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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