Escritora
“Por favor, Madelag, está atenta, y cuando veas que me aparto de los grupos, acércate a mí, porque necesito hablar contigo” –me dijo el entonces Canciller, y apreciado abogado, Dr. Octavio Fábrega, quien me conocía desde la infancia.
En esos momentos, él era anfitrión; y yo asistía a la recepción, como representante del primer Sindicato de Periodistas de Panamá. No se podía descartar que la nueva e inopinada convocatoria, hecha allí por el Canciller, hubiera sido escuchada por algún colega; y de que esa persona se mantuviera alerta con el fin de obtener noticias sobre algunos sucesos extraordinarios.
Esperé por lo tanto, con paciencia, la señal del Canciller; y me acerqué a él cuando me lo indicó.
Mi interlocutor entró de inmediato a indagar sobre el asunto que tanto le interesaba.
_ “Madelag, _ ¿en qué quedó lo del puente flotante en el espacio? - Yo no pude ir el domingo como tanto deseaba” _ dijo.
Como buena comediante, solo sonreí y expliqué al Canciller que los terrícolas habíamos logrado instalar el mágico camino de gases pétreos, y estábamos ahora listos para atacar a los marcianos, quienes tendrían que retirarse de nuestro espacio en el cosmos.
Para desorientar a los probables “espías” oyentes, expliqué con confusas figuras, dibujadas en el aire, la valiente acción acometida por los héroes-actores, en el episodio de la serie “los extraterrestres”, que se había proyectado el domingo anterior en el Teatro Lux.
Al matiné que he mencionado, asistíamos siempre dos adultos: el Doctor Octavio (Tato) Fábrega, quien acompañaba a su hijo, y yo que llevaba a mi prole. Era sensacional esa serie, como lo fue también la de “El llanero solitario”, que llenaba, con ávidos espectadores, las butacas en el Teatro Variedades en Santa Ana…
¿Y el supuesto espía?...¡Nunca supo de qué hablábamos!