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Donde comen dos…

Terminaron guerreros fragores; sólo reina el amor fraternal” Jerónimo de la Ossa


Cada tierra tiene sus jugos, fuerzas magnéticas y emanaciones que afectan el desarrollo de todo ser viviente que se agita sobre ella. Panamá, esa indolente S acostada con el almohadón de Azuero bajo la primera curva, tiene lo suyo. Por tal razón, sus mangos, su clima, sus arrieras y sus monos, incluidos nosotros, somos diferentes a los ticos y a los colombianos, a los escandinavos y a los zulúes. Cada tierra tiene lo suyo y su manera de afectarlos.

A Panamá no la inventa nadie, ni nadie la acaba, ni nadie la multiplica. Lo más que se puede hacer con un territorio es arrasarlo, sembrarlo, poblarlo. Y para de contar. La edad de Panamá es estacionaria, no así sus habitantes. Nosotros sí que somos pasajeros. Vamos en este tranvía maravilloso gozando (y sufriendo) el paisaje de la vida. Nos bajamos en la parada que no conduce a sitio alguno, y de ahí mismo suben otros.

Recuerdo frases poco felices con referencia a Panamá. Un presidente de los Estados Unidos dijo: «I took Panama», como si fuera una esposa o una copa de vino. En verdad que mediante un tratado (de tigre de dientes de sable con burro amarrado), se abrogó el derecho sobre una franja de nuestro territorio, pero eso está muy lejos de haberse “tomado a Panamá”. Y más lejos se siente hoy. Otro personaje, un malhumorado periodista inglés, con gran desprecio se refirió a nuestro país: «That bloody country invented in ninety-o-three». Ta’ bien loco. Como dije, nadie inventa a un país. Tendrían que aceptar que “La Tizona” inventó a España, que los impuestos inventaron a Estados Unidos y que Inglaterra nació de la sangre de un dragón apuñaleado por San Jorge.

 

Mi patria no envejece, se transforma. Los gobiernos pasan y dejan su estela, de esplendor o de mugre o de estupor. El ropaje de Panamá todavía se mantiene verde. Si quieres, hasta puedo aceptar que mi país está creciendo, como en efecto creció en territorio, y crece en alturas habitacionales y en población. Acogemos, quizá acatando el lema de nuestro escudo, a los que escapan de sus propias naciones por sus propios motivos. Nosotros pasamos por esa procesión. Otras naciones recibieron a nuestros exiliados. Ahora nos toca a nosotros recibir a los que huyen del terrorismo estatal y la amenaza sin bromas del narcotráfico y sus despiadados asesinos. Que vengan. Donde comen dos comen tres.


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486197
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América