HACE UNAS semanas en la pista de tartán del Estadio Rommel Fernández entrenaba un chico que disfrutaba de la paz que da el anonimato, pero su tranquilidad cambió de un día para otro.
Ya Alonso Edward no es un desconocido. Su rostro y su nombre se repite como el eco en las emisoras, y su foto se publica en todos los diarios.
Edward, el hijo del viento, ganó una medalla de oro en los Juegos del Alba con un registro excepcional, pero ese día este atleta perdió algo especial, su intimidad.
Alonso es un gigante de ébano con abdomen cuadriculado que tiene en su sangre los genes de un velocista, ya que su madre Margaret es jamaicana, país prolífico de medallistas, plusmarquistas mundiales y campeones olímpicos.
Su padre, del mismo nombre, es panameño criado en Nueva York.
Alonso está contento con sus logros, pero da la sensación de que le gustaría no tener publicidad, para no pasar por los flashes de las cámaras ni tener que responder preguntas de los periodistas.
A pesar de su medalla, la joven carrera de Alonso seguirá paso a paso. Su entrenador, Cecilio Woodruff, quiere llevar paulatinamente sus entrenamientos, buscando siempre lo mejor.
Participará en el Campeonato Sudamericano Juvenil de Atletismo y en los Juegos Panamericanos, pero sólo correrá en el relevo.
Alonso es el segundo de cuatro hermanos (Kenisha, Kenyatta y Mateo), vive en Balboa y estudia en al Colegio San Vicente de Paúl. Se confiesa cristiano, muy devoto. Ama el atletismo y sueña con competir y vencer al plusmarquista jamaicano Assafa Powel, quien es el velocista que admira.
Su hablar es pausado, todo lo contrario a su actitud dentro de la pista de tartán, donde aprieta los dientes y corre como una gacela. Y justo cuando los periodistas lo abordan, empieza a descubrirse otra faceta de este atleta tímido y introvertido.
"En los 100 y 200 metros de los Juegos del Alba, me sentí presionado porque el cubano era rápido y me ganó en los 5 primeros metros, pero reaccioné y lo pasé", recuerda Alonso mientras sostenía una toalla azul, la cual empezó a hacerle un tenso nudo, que apretaba con intensidad mientras avanzaba la entrevista.
El atleta confesó que esperaba bajar su tiempo (10: 40), pero no tanto: "Quedé sorprendido porque fue marca; allá bajé mi tiempo".
Sobre su vida cotidiana, Edward indicó que le gusta conversar, pasear, entrenar, estar con sus amigos y chatear. Confiesa que le encanta el chile con carne y que ha logrado combinar bien sus estudios con el deporte.
"No soy tímido, solo que no me gustan las cámaras, pero es algo que estoy superando con la ayuda de mi entrenador, quien me dice que no tenga pena".
Alonso Edward, quien nació el 8 de diciembre de 1989 en Panamá, no deja de lado lo que representa para el país una figura como el saltador colonense Irving Saladino, una persona a la que admira, y que él espera tener su misma suerte de poder entrenar en un centro de alto rendimiento, especialmente en Estados Unidos.
"Irving es un buen atleta, es humilde, es un campeón mundial, siempre ayuda a todas las personas; que Dios lo bendiga".
Ojalá, con la ayuda de Dios, me gustaría ir a un centro de alto rendimiento en los Estadios Unidos y dejar a mi país en alto", concluyó.
Edward lidia con la fama
"No soy tímido, solo que no me gustan las cámaras, pero es algo que estoy superando".