Para entender los tiempos convulsos que viven, o al menos distraerse de ellos, los egipcios se refugian en lecturas sobre la revolución y otros muchos temas que se expusieron en la deslucida Feria del Libro de El Cairo.
Los pabellones de la feria, que terminó ayer, fueron un constante vaivén de personas que portaban bolsas con sus últimas adquisiciones, ya sean gangas, novedades, ediciones especiales o simples caprichos.

Ese movimiento contrasta con las bajas expectativas de los organizadores, que desde que cancelaron la edición de hace dos años por la revolución no han intentado sino recuperar algo del terreno perdido.
Este año, la 44 edición de la Feria del Libro de El Cairo -la mayor del mundo árabe- prolongó su duración unos días, visto el flojo arranque que tuvo debido a los choques entre manifestantes y policías frente al cercano Palacio Presidencial.

Estos incidentes se lo volvieron a poner difícil a los expositores, procedentes de 25 países, árabes en su mayoría, al tiempo que han influido en el ánimo de sus potenciales clientes.
En el prácticamente vacío y desmantelado pabellón de Libia, invitado especial de la feria, uno de los libreros, Ibrahim el Niuayi, se muestra "comprensivo" con la situación por ser de un país que también ha atravesado un proceso revolucionario.

Desde el mostrador del puesto de la Universidad Americana de El Cairo, Mohamed Said reconoce a Efe que la afluencia de público ha sido menor que otros años por el miedo a visitar la feria en los días más convulsos y por la delicada situación económica.
Entre quienes finalmente visitaron la feria, las preferencias están bastante definidas.
"Los adultos preguntan mucho por los libros sobre la revuelta en Egipto y otros países árabes porque también quieren saber qué está ocurriendo fuera", asegura Said.
La oferta editorial iba mucho más allá y en los pasillos de la feria afloraron montañas de libros que tratan tanto de informática y ciencias naturales como de cuentos infantiles y enseñanzas del islam.
Buscando un diccionario árabe-alemán está Hada Faruq, madre de dos hijas que estudian idiomas y con las que acude a hacer la compra librera del año.
"Vengo todos los años, pero el anterior no lo hice por la violencia y esta vez he esperado a que se relajase la situación", afirma a Efe Faruq.
La ocasión lo merece para muchos que como el profesor universitario Shokri Megahid, carga con una docena de volúmenes para ampliar la biblioteca de su facultad.