Escritora
¡Allí voy a reinar yo! – dijo en voz alta el muchachito que se había escapado del Palacio del Tiempo y miraba por entre las nubes hacia el planeta Tierra. - ¡Ay amiguito! – le contestó el anciano con quien hablaba.
- Esas mismas palabras dije yo hace un año; y mira cómo me han dejado - ¿Cómo? – exclamó el Año Nuevo
- ¡Pero, si cuando te fuiste para la Tierra eras un niño !- Sí, pero los hombres me culpan de tantas cosas, cuando los culpables son ellos, que me ha ido poniendo todo arrugado – dijo el viejito.
- Pues lo que es la Tierra este año se queda sin año, respondió el muchachito quien, silbando muy feliz, emprendió el camino de regreso hacia el Palacio del Tiempo. Entonces se encontró con el Guarda Tiempo que venía buscándolo.
- Año Nuevo, ¿para dónde vas? - preguntó éste muy angustiado. – Pues para cualquier lado, menos para la Tierra; yo no quiero convertirme en una ciruela pasa como el Año Viejo que anda por allí .
Entonces el Guarda Tiempo lo tomó de la mano, apartó las nubes y le mostró el cuadro formado por un bebé dormidito en su cuna, mientras su madre velaba con intenso amor.
– Mira, dijo el Guarda Tiempo – ella y muchas otras te recordarán siempre como si fueras un precioso brillante en sus vidas.
Así, aunque muchos te culpen injustamente por sus tristezas, hay quienes luchan por sus ideales y por lo que anhelan. Y tú tendrás la satisfacción de saber que los hombres se convierten en alegres o tristes, según oigan o se nieguen a escuchar la voz de sus conciencias.
El Año Nuevo permaneció pensativo por unos momentos; y luego, dando una rápida voltereta, descendió en el espacio. Sonaron las cornetas, repicaron las campanas y por todo el mundo resonó la frase de la esperanza: ¡FELIZ AÑO NUEVO!
(Basado en cuentos Infantiles de Madelag)