Perfil
- Nombre: Alexandra Schjelderup
- Formación: Estudió en La Sorbona de París. Habla español, francés, inglés y portugués.
- Actividades: Promotora y activista cultural. Ha sido coordinadora del ProgramaI+D de la Universidad Tecnológica de Panamá y facilitadora del curso de Apreciación de Cine. Colaboró e impulsó la Ley de Cultura que fue discutida y aprobada por la Asamblea Nacional en 2012.
Con el propósito de incentivar la memoria a través del documental, y de paso contribuir a fortalecer la calidad y la cantidad de profesionales de la incipiente industria del cine en Panamá, se reactivarán los cursos de Apreciación de Cine.
“La propuesta es simple”, dice Alexandra Schjelderup, quien vuelve a liderar la iniciativa que prevaleció por 10 años hasta que los cines Alhambra -donde tenían su sede- apagaron sus luces hace un par de años.

Ahora, con el respaldo de la Universidad de Panamá a través del Cine Universitario, Schjelderup y su equipo de trabajo se preparan para recibir durante 10 semanas a los cinéfilos interesados en refinar sus conocimientos en la materia.
“Todo el mundo ya sabe de cine. Lo que hacemos es guiar al cinéfilo a desglosar e identificar lo que ya más o menos intuye”, advierte la gestora cultural, quien explica que se busca con estos cursos que la agente, aparte de decir que le gustó o no una película, sepa sustentar en qué basa su aprobación o reprobación.

Pero si bien los fines didácticos son el motor del curso de apreciación de cine, en el fondo también está el interés de formar a personas que puedan suplir las necesidades de la industria que ya goza de una ley, y responder a la competencia que hay en la región, muy próximos a Panamá como Colombia y República Dominicana, entre otros.
Entiendo que los cursos de Apreciación de Cine van a resucitar.
¿Con qué propósito?
Resucitar: dícese de haber perdido los cines Alhambra, donde se realizaron por más de 10 años con el apoyo de la Embajada de España. Luego de todo ese tiempo y ya con una política de fomento al cine en Panamá, el Mici, a través de la Oficina de Industria del Cine, se ha apuntado a revivir esta iniciativa con su apoyo.
Una de las causas de que se suspendieran fue el cierre de los cines Alhambra.
¿Cuál será el nuevo escenario para estos cursos?
El nuevo escenario es precisamente el de generarle nuevos actores al sector audiovisual panameño con más jóvenes incorporándose a la magia de contar historias, registrar nuestro país, y sobre todo, con más herramientas para disfrutar todos los lenguajes posibles que genere el séptimo arte. Es por eso por lo que el eje central del curso de este año es la importancia de la memoria a través del documental.
¿En qué o en quiénes se apoyarán para transmitir esa idea?
En este sentido, traeremos a tres grandes documentalistas: Ana Endara (“Reinas”) de Panamá, Carlos Bolado (México) y Anayansi Prado (Estados Unidos), panameña de origen, que vendrá gracias al apoyo de la embajada de ese país.
¿Se planteará alguna diferencia en cuanto a método y contenido con respecto a lo anterior?
El método funcionó muy bien. Siempre tuvimos entre 100 y 200 jóvenes cada sábado, y además muchos viniendo varios años seguidos, lo que nos obligó a ser imaginativos en la propuesta de contenidos del curso. La mecánica ha sido siempre: una clase, una película y su discusión.
¿Qué representa o significa el hecho de que haya la colaboración de la Universidad en la retoma de los cursos de Apreciación de Cine?
El Cine Universitario fue la primera casa de esta experiencia, hace 25 años. Yo misma fui el producto de ese proceso, gracias a las clases que diera en esa época el maestro Norman Douglas.
En ese sentido, es como regresar a su hogar, más en un momento en el que la Universidad acaba de invertir bastante dinero en la modernización del cine.
Hace un año se aprobó la ley del cine.
¿De qué manera puede insertarse esta iniciativa en el nuevo marco legal existente?
Arianne Benedetti y su equipo tienen una claridad meridiana en el hecho de que el cine requiere de estrategias locales de mercado y estrategias de formación, a la vez que desarrollan estrategias internacionales. Es un “círculo virtuoso”: nuevos actores, procesos formativos y de profesionalización para hacer un cine nacional que le dé voz al país y foguee a estos profesionales, que a su vez ofrecerán sus servicios a los rodajes internacionales y aportarán esa experiencia a un cada vez mejor nivel de cine nacional.
¿Qué hay del contexto internacional?
Ningún rodaje puede viajar con todo el personal traído de afuera, es por eso por lo que debemos tener una estrategia fuerte de formación en todas las profesiones que ofrece el cine, que son muchas. Sin eso, no seremos competitivos y el esfuerzo no será sostenible, sobre todo con grandes competidores muy cerca, como lo son Colombia y República Dominicana.
¿De qué trata el curso de Apreciación de Cine?
La propuesta es simple: todo el mundo ya sabe de cine. Lo que hacemos es guiar al cinéfilo a desglosar e identificar lo que ya más o menos intuye. Esto se construye con una lectura colectiva de las películas, que se enriquece muchísimo con el aporte de cada uno de los participantes. Se puede ver cómo se produce una película desde sus reglas básicas: guion, producción, edición y otros elementos que permitan ver cómo se teje el proceso entero, desde la idea hasta la lata que le llega al proyeccionista. También sirve para entender que el cine es transmisor de valores estéticos, políticos, y más. Creo que con tanta imagen que recibimos es importante perder un poco de esa inocencia que propone que el cine es un simple entretenimiento. Luego está el hecho de disfrutar ese cine mundial que se está haciendo y que poco llega a nuestras salas. Entender cómo el cine mundial siempre ha conversado entre sí desde los inicios de la historia del cine. En fin, el curso de apreciación cinematográfico es un intercambio muy rico que ha servido para que algunos hagan del cine su profesión y otros sencillamente tengan un umbral mucho más amplio de disfrute para el cine en general. Poder salir del cine diciendo que te gustó el guion, pero no la fotografía; notar el ritmo de la edición; diferenciar una buena de una mala historia.
Con las nuevas condiciones, tras la puesta en vigencia de la ley del cine, ¿se puede decir que Panamá está realmente encarrilado en materia de cine?
Yo creo que Panamá va por muy buen camino. Tenemos ya ese sueño cumplido de tener una ley y un fondo al cual acudir si tienes una idea. Ojalá exista lo mismo para los proyectos culturales en un futuro.
¿Faltaría algo por hacer para mejorar en el tema de la cinematografía?
Falta mucho por hacer. Involucrar al Inadeh y otras entidades para que muchas de las profesiones del cine encuentren un espacio de formación formal y no formal. Creo que además, estamos muy alineados en el sector audiovisual. Mi trabajo es lo que se conoce en la gestión cultural como un trabajo de formación de públicos. Pero luego a la salida de esto están los compañeros de Mente Pública y algunas universidades que ofrecen esporádicamente talleres especializados. En algún momento habrá suficiente demanda para justificar una carrera de cine. A nivel de distribución y para foguearse: el Festival de Cortos Hayah, increíble trabajo sostenido por Mariel García Spooner y su equipo. Y para acabar de coronar: el IFF Panamá, que nos trae un cine de lujo y en solo dos versiones se ha convertido en un fenómeno social y cultural. Y no hay que engañarse: para hacer cine, hay que ver mucho cine. Con Panamá en Ibermedia y el Fondo de cine del Mici, tenemos la casa lista para el baile. ¡Que vengan los bailarines!