Hace años se pensaba que aquel que pudiese vender la pasión que se siente por el fútbol, se haría rico de la noche a la mañana. Todo indica que hoy ya las grandes transnacionales han encontrado la formula de transformar esta pasión en ganancias. ¿cómo ?, muy simple: asociaron sus marcas con el fútbol.
En países cercanos al nuestro, el fútbol se convirtió en un vehículo muy importante para la penetración de productos, marcas y servicios dirigidos hacia consumidores que siempre estuvieron allí, pero que nunca se les vio con el potencial que hoy se les mira.
Clubes, jugadores y estadios es lo que se usa en estos países para mercadear productos. Los clubes cuentan con millares de socios y seguidores. Los jugadores son los ídolos que venden todo lo que ellos usan o recomiendan. Los estadios proporcionan el escenario perfecto para exponer marcas y servicios. En estos países también existen planes y sistemas continuos de desarrollo futbolístico apoyados por el gobierno.
Pero el desarrollo del fútbol en estos países no se fundamentó en la ayuda de transnacionales agresivas, mercadeando sus productos. Los clubes y el fútbol se desarrollaron por la organización, trabajo y sacrificio de dirigentes voluntarios que hoy son parte de su historia.
La herencia del amor por el fútbol es tan grande en estos países que las empresas que hoy lo apoyan podrían irse del fútbol, pero, no cabe ninguna duda, que esta disciplina deportiva seguiría su camino sin ningún problema.
Los dirigentes voluntarios que en 1987 fundamos ANAPROF teníamos una visión clara de lo que queríamos. Sabíamos que las condiciones en las que se encontraba el fútbol panameño no le permitirán asistir algún día a un campeonato mundial. La primera idea fue crear una organización deportiva sin fines de lucro que operase como una gran industria del entretenimiento teniendo el fútbol como actividad principal, aprovechando la pasión que por este deporte se siente.
Nuestra intención, al crear ANAPROF, tenía como finalidad darle continuidad y ritmo de competencia a nuestros jugadores seleccionados a través de campeonatos anuales de clubes no aficionados y preparar nuevas generaciones de dirigentes voluntarios para administrar los verdaderos clubes que el fútbol panameño y esta nueva industria necesitaba.
Para lograr nuestros objetivos implementamos incentivos dirigidos hacia los clubes, pretendiendo, de esta forma, lograr una mayor responsabilidad en dirigentes y jugadores. A los clubes los premiábamos por campeonatos y subcampeonatos, además de supervisar que le pagasen premios a sus jugadores. Adicionalmente la organización regalaba un automóvil al mejor futbolista de cada torneo; reitero, con la intención de lograr responsabilidad en nuestros afiliados.
Por los resultados de las Selecciones Mayor y Olímpica todo indica que solo los jugadores han avanzado, porque en ANAPROF no existe ni la copia de un club de tercera división de un país con fútbol organizado. ANAPROF es la triste realidad de una organización con equipos (no clubes), manejados por seudos dirigentes argumentando que ellos son los mecenas del fútbol y dramatizando como dirigentes sacrificados que se meten la mano a los bolsillos para pagar las obligaciones de su equipos y que nunca les alcanza el patrocinio ni las taquillas para pagar a sus jugadores.
Cuando se les pide a estos personajes informes financieros para justificar sus argumentos de dirigentes sacrificados, se cambian inmediatamente a empresarios o inversionistas privados que manejan sus equipos, como dueños de sociedades anónimas y, por lo tanto, nadie debe meterse en el manejo de sus empresas.
¡Señores dirigentes de los "clubes" de ANAPROF, si ustedes pregonan que son dirigentes voluntarios de un equipo que funciona como sociedad deportiva sin fines de lucro, presenten públicamente sus informes financieros, y , si sus equipos son sociedades anónimas, entonces, páguenle sus salarios mínimos, vacaciones, décimo tercer mes y cotizaciones del seguro social a sus jugadores.
Si ustedes no pueden cumplir con estos requisitos, tampoco dramaticen, porque ustedes no son ni dirigentes voluntarios ni empresarios diligentes.