Para vivir el fútbol con emoción desbordante, no hay como la radio. Pero para sentirlo real, auténtico, desde la perspectiva humana de la razón, existe la televisión. Con sus numerosas cámaras dispuestas en lugares estratégicos, frente a la duda razonable que deja una jugada rápida, la TV nos permite andar y desandar no una sino las veces que debamos repetirla, en la magia del video.
Decir qué es más efectivo, la televisión o la radiotelefonía, es como preguntar quién fue mejor futbolista: si Maradona, Cruijff, Di Stéfano o Pelé. Jamás se podrá escoger uno, con absoluta propiedad, porque cada uno de ellos mantiene como propios, rasgos y virtudes que no se reiteran en las otras luminarias.
Para el habitante de pueblos y ciudades, mientras no se cobre dinero por recibir la TV, ésta será la elegida. Para el hombre de campo, de a caballo o de cualquier vehículo; para los ciudadanos que trabajan y por ende, no tienen posibilidades de sentarse frente a la pantalla chica; para la gente en movimiento; para privados de salud o libertad, la radio es lo primero.
En países altamente futbolizados, los fanáticos encienden la TV, bajan su volumen y ponen la radio, con su narrador y su comentarista predilecto. De no ser así, no se explicaría el auge que tienen Mario McGregor en Costa Rica, Jorge Da Silveira en Uruguay, o Víctor Hugo Morales en Argentina.
¿Radio o TV?...Con la ayuda del Internet, seguirán aliados para siempre.