Deportes

El gol de la felicidad

Cada cuatro años, 32 países que en conjunto reúnen a 736 hombres tratan de hacer realidad el propósito principal por el que el hombre vive y se


Cada cuatro años, 32 países que en conjunto reúnen a 736 hombres tratan de hacer realidad el propósito principal por el que el hombre vive y se desvive. Cada selección es la síntesis de esa lucha universal que, desde tiempos inmemoriales, ha sido el dínamo que nos moviliza a todos: la búsqueda de la felicidad.

El fútbol, la siembra, la escritura, el canto, el trabajo, la familia, la política, el estudio, la música, la naturaleza, el salir cada día a la calle a hacer lo mejor posible -entre muchísimas otras acciones-, no son más que maniobras que realizamos como partes de esa dinámica sin pausa que históricamente hemos desarrollado para sentirnos bien.

Es por eso que el fútbol, el Mundial, tiene la virtud de aglutinar a su alrededor a gentes que en otras circunstancias andarían por caminos paralelos. Eso se explica en el hecho de que el fútbol emociona, moviliza al más pasivo de los individuos debido a su casi irresistible dosis de adrenalina.

 

Al final no se trata tanto de ganar o perder. Tanto los fanáticos de siempre así como los espectadores ocasionales viven cada minuto de felicidad (aunque a veces puedan parecer molestos) que los 90 minutos reglamentarios del fútbol les ofrecen.

Es un fenómeno tan extraño, que muchos pagan por la esperanza de un momento de gloria. Un gol de su equipo les basta para sentirse felices, aunque el contrario haga dos o tres. En las peores circunstancias, cuando la goleada es inminente, los fieles, que son la mayoría, aguardan con estoicismo por el gol de honor y, cuando por fin este cae, lo celebran como si fuera el de la victoria. Es una manera de felicidad efímera que se perpetúa en el corazón y las retinas. Luego se marchan de los estadios, los más equilibrados en ritual que asemeja a la procesión del silencio y los viscerales mentando madres, pidiendo cabezas. Pero siempre regresan esperanzados en hacerlo mejor en la próxima. El fútbol da revanchas, dicen.

Y es cierto, porque este deporte –gústenos o no- se parece mucho a la vida: Se juntan a los mejores, se fijan objetivos, se consideran los pros y los contras, se conciben las tácticas que sirvan para consolidar nuestra estrategia y después salimos a la cancha, a la vida. Lo hacemos con nuestros mejores aperos, incluidos los espirituales.

 

Después, nos comen las ansias, miramos a ese gran público que es el resto de humanidad y esperamos el pitazo inicial. Y así, cada día, comenzamos a jugar el juego de la vida, cuyo único propósito es meter el gol de la felicidad, aunque nos cueste sangre, sudor y lágrimas.


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932202
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América