Nuestra música sería otra, si el destino no hubiese sido tan diligente y trágico con las vidas del mexicano Silvestre Revueltas, y los cubanos Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla. En poco más de un año —entre 1939 y 1940— desaparecen tres de los compositores más importantes de América Latina.
A Silvestre Revueltas lo mató su dependencia al alcohol a los 40 años. En los últimos diez escribió su obra, con el mismo ímpetu que se dio a la vida. "Ese hombre tan desnudo, tan indefenso, tan herido por el cielo y por los hombres", diría Octavio Paz. Para comprender la magnitud de una fortuna adversa temprana, es lícito comparar. Si Jorge Luis Borges —que nació en 1899 como Revueltas— hubiera muerto en 1940, sólo le habría dado tiempo a publicar unos diez libros, y seguramente no sería tan conocido. Sin la influencia de Borges en otros autores, la literatura del siglo XX también sería otra; indigente y más exigua. "Silvestre ha muerto", (leyó Pablo Neruda en el entierro del compositor) "Silvestre ha entrado en su música total, en su silencio sonoro".

Amadeo Roldán murió de un cáncer en la cara, que lo desfiguró primero para luego matarlo. Tenía 38 años. La agonía de Roldán es uno de los relatos más tristes que he leído. El testimonio de su gran amigo y colega César Pérez Sentenat dice: "Al acercarme a su lecho, me sentía casi sin fuerzas para sostenerme. Sin embargo, él no lo notó. Me cogió la mano, y con ella cogida murió. Estaba todo desfigurado: el ojo derecho lo tenía fuera de su órbita, en el carrillo tenía una pequeña perforación por la que rodaba constantemente un hilo de sangre que le fue quitando poco a poco la vida".
Alejandro García Caturla, el más joven de los tres (34 años), además de compositor, juez. Murió defendiendo a una mujer que no quería ser prostituta y era golpeada constantemente por negarse a serlo. Dos tiros le dio el proxeneta a Caturla en una calle de Villa Clara. El primero a un metro de distancia, en el lado derecho del pecho. El segundo, infame y mortal, el asesino acercó la pistola a la tetilla izquierda y a bocajarro le reventó el corazón.

Cuando murieron, Revueltas, Roldán y Caturla estaban en el cenit de sus carreras. Nos legaron una obra inconclusa debido al infortunio, pero importante y diversa, llena de atrevimientos rítmicos y aventuras sonoras. A nosotros solo nos queda conocerla.

Silvestre Revueltas: "Sensemayá"
Amadeo Roldán: "Suite de La Rebambaramba"

Alejandro García Caturla "Tres danzas cubanas".