El poema de Korsi no podía ser más adecuado a las circunstancias. Era de tarde y llegamos al barrio de Cabo Verde, en Curundú.
Un lugar al que muchos temen y del que sólo asociamos con sucesos no tan positivos.
Pero ayer todo era diferente. Ese sonido a música variada (en cada apartamento había un equipo a todo volumen), le daba un toque de domingo de fiesta. Porque vivir allí no debe ser fácil, porque la vida no lo es... así es, lucha diaria a la que muchos temen tanto que se la quitan antes de tiempo y otros juegan con ella, y al final termina perdiéndola, el final es lo mismo.
Pero el logro más importante de Luis Durango no es llegar a las Grandes Ligas. NO. Salir de un lugar tan humilde, donde los vicios pudieron sacarlo del camino, es su principal logro. Es un ganador.
Pero ahora a cuidarse, porque ya le pasa a muchos que se aferran a raíces que no son las adecuadas, hace poco le sucedió al ‘Nica’ Concepción, por ejemplo.
Y eso lo sabe Luis, por suerte ha tenido una madre (qué agradable esa señora) luchadora que ha llevado adelante a siete hijos.
Nadie sabe dónde terminará la historia de Durango, pero ya hoy es un ejemplo de superación y esfuerzo.
Ayer escuchaba a Luis, vía telefónica, al ser entrevistado por los reporteros de béisbol y me agradaba percibir esa emoción de niño que tenemos cuando hay juguete nuevo.
Pero más me agradó adentrarme a ese mundo suburbano llamado Cabo Verde. Tierra donde también hay gente buena y de la cual hoy todos nos sentimos orgullosos. Suerte, Luis, o Fili, como te llama tu madre.