“Apaga y vámonos”, esta frase me recuerda las órdenes que de pequeño me daban mis padres y ellos estaban completamente seguros de que yo las iba a cumplir porque confiaban en mí; aunque debo confesar que más de alguna vez olvidé cumplir con las órdenes recibidas, pero por lo general, me esforzaba al máximo por no defraudar la confianza depositada en mí.
Mariano Rivera, mejor conocido como “Apaga y vámonos”, hoy es un atleta que a lo largo de su carrera deportiva ha contado con la confianza incondicional de su “manager”, su equipo y todos los fanáticos que lo siguen de cerca cada vez que sube al montículo a salvar un juego. Esta confianza nace de la profunda convicción de que están frente al máximo cerrador de todos los tiempos, un hombre sencillo y de raíces humildes, quien a base de esfuerzo, trabajo y mucha disciplina ha logrado ganarse el respeto y la admiración de todos los que amamos, seguimos y jugamos este hermoso deporte como lo es el béisbol.
Mariano Rivera es un ejemplo porque ha demostrado que cuando se trabaja ardua y disciplinadamente no existe barrera que pueda detener la conquista de los sueños; cuando todo ser humano entienda que Dios nos ha dotado a todos de muchos talentos y que Él espera que nosotros los hagamos producir, que los hagamos fructificar, que no los desperdiciemos o los enterremos, es cuando el éxito nos sonreirá y los sueños se harán realidad. Lamentablemente, vivimos tiempos muy difíciles en los cuales el modernismo y la sociedad de consumo nos envían constantemente mensajes de que “todo me lo merezco”, que “todo lo puedo conseguir con el mínimo esfuerzo”; es aquí donde caemos en una zona de confort en la que no nos queremos esforzar por alcanzar nuestros sueños, preferimos seguir inmersos en el típico “juega vivo”, este pensamiento es el que nos tiene encadenados a la mediocridad y a la corrupción trayendo como consecuencia el deterioro de los valores humanos.
El ejemplo de vida de Mariano es como una especie de radiografía la cual desnuda nuestras debilidades y nos indica el camino para conseguir el éxito que todos ansiamos. El orgullo de Puerto Caimito, Panamá y toda América Latina es un ser humano honesto y comprometido, el cual ha puesto en alto el nombre de nuestra patria.
Sé que para muchos la materia que él tendrá pendiente es el no haber representado a nuestra patria en el Clásico Mundial de Béisbol, pero se me hace demasiado injusto condenar de una forma tan severa a un ser humano. Lamentablemente, a muchos les gusta juzgar, a veces puede más el odio que el talento, el trabajo y la disciplina. Si Mariano se equivocó al no defender los colores patrios, ¿quién nos nombró a nosotros jueces de él?, creo que deberíamos ser más justos y poner en la balanza la entrega y los muchos momentos de gloria que le ha dado a nuestra patria. ¿Cómo es posible que todo el mundo reconozca en nuestro paisano su grandeza menos nosotros los panameños? Mariano es panameño al igual que ese limpiabotas que sale todos los días a las calles a ganarse el pan diario o el vendedor de raspado quien, bajo las inclemencias del tiempo, lucha por subsistir y llevar el sustento a la casa.
Hermanos panameños, Mariano Rivera es un hombre al cual el Señor lo dotó de muchos talentos, y él los ha hecho producir, los ha utilizado para poner en alto el nombre de nuestra patria y esta es una realidad que nada ni nadie podrá cambiar; cuando llegue el momento en que los amantes del béisbol, especialmente las nuevas generaciones, lean las páginas más gloriosas que se han escrito en el mejor béisbol del mundo, descubrirán que el mejor cerrador de la historia es oriundo de un país muy pequeño, pero que ha parido grandes atletas, tales como el gran Roberto Duran y el enorme Rod Carew, por solo mencionar dos.
Gracias Mariano por poner en alto el nombre de Panamá, gracias por demostrarles a las nuevas generaciones que el trabajo y la disciplina son la base del éxito, estoy convencido de que Dios está feliz porque los talentos que te dio los has hecho producir, los has multiplicado. Que el Señor te siga bendiciendo para que le sigas dando gloria a Él, a tu familia y a todos los que te apreciamos. Felicidades “Mo”.
¡Dios los bendiga!