Una noche roja de octubre, la misma noche que puso la poesía en órbita, César Young dio un recital en el recién nacido Museo de Arte Contemporáneo, sitio en ese tiempo frente al parque Urraca. El poeta estaba ronco. Tras dos poemas cortísimos, anunció al público su nueva creación. Pidió paciencia pues tendrían que estar a oscuras y en silencio. Dicho lo cual apagó las luces del pequeño local, me haló por el brazo y, antes de salir, anunció el título del poema: “Shadow boxing”. Fuimos corriendo hasta el “Squirt” un bar restaurante a cien pasos de distancia. Pidió un chat de anís en la barra. Se lo echó al coleto y volvimos corriendo al Museo. La gente continuaba en silencio. César encendió las luces y declamó, al tiempo que emulaba a Ismael Laguna haciendo fíntin con puños y piernas.
La originalidad de César llena barriles y convierte silbidos en trompetazos de arcángel. En su poema “No llores más...” nos dice: “Lloro por el Kama sutra porque no es sutra ni la kama (…) Lloro por el hambre porque nunca tiene sed / Lloro por la sed porque nunca tiene hambre” y termina llorando “por su juventud de vino y tesoro y cuando quiero llorar suben los precios de las lágrimas.”
Le echó la culpa a Milvia el haber mencionado una conversación que tuvo con el conejo Harvey (que es de cine serio, no como Bugs Bunny) y, como es natural, la conversación giró en torno a las zanahorias”. Claro que uno puede reírse sin malicia, pero si vuelves a leer los risueños poemas de César encontrarás un trasfondo dramático con gotas de genial sarcasmo, como cuando asegura que John Dos Passos no se atrevió a dar el paso siguiente para no tener que cambiarse el apellido. Y cuando “El tío Sam a sus bebés latinoamericanos –les cantaba– UPI! UPI! UPI! UPI! UPI!”
Encontré dentro de su libro Carta a Blanca Nieves un poema que me dedicó (escrito en hoja membreteada de su Oficina Legal de Reclamos): “Tigre de mil ojos, tigre hasta la zapatilla. Tigre una mitad, y la otra mitad, tigre. Tigre rodando con letras de fuego...”
Pero el que la botó fue Richard Brooks. Cuando supo que a César le darían la medalla Sinán dijo: «A César lo que es de César”.