Hay una lectura a la que recurro en aquellos momentos en que mi estado de ánimo se quiere parecer a la tristeza, que es un artilugio de la soledad. Ese sentimiento de aislamiento, cuyo propósito es derrotar mi temperamento, lo exorcizo releyendo El Principito, de ese “ser extraño, excepcional y precioso, bondadoso y distraído…” que fuera Antoine de Saint-Exupéry.
Le Petit Princees una alucinación que sufre Tonio en el desierto. Pero son tantas las claves para mirar la vida, esa vida que se nos muestra a veces con su fardo de “escabrosidades” y no nos deja espacio para asombrarnos de la belleza que está en lo pequeño, en lo simple, en lo aparentemente insignificante, como es el caso de esta lectura.
Pasaré revista a unos resaltados que realizo en las páginas del libro y que de veras me traen de vuelta a mi verdadera naturaleza, esperando florezca similar emoción en aquel, aquella, que se aventure por los viajes de El Principito.
Hay un consejo, más bien una lección de vida en su “Todo recto no se puede ir muy lejos” o en la sección de los baobabs y las semillas… ”. Pero si se trata de una planta mala, hay que arrancar la planta en cuanto se la pueda conocer”.
O cuando expone en pocas líneas su percepción de la flor, que pudiera ser la pareja… Allí nos dice: “Si alguien ama una flor de la que no existe más que un ejemplar en todos los millones y millones de estrellas, le basta eso para ser feliz cuando la mira”. Y continúa: “Mi flor es efímera. Y luego concluye: “Hay una flor, creo que me ha domesticado”. Y a manera de colofón: “Uno se expone a llorar un poco, si se ha dejado domesticar”.
Sí, tiene mucho de extraordinario este libro, lectura sin fin, infinita, que nos obliga a inaugurar nuevas maneras de sentir y pensar, pues lo esencial es invisible a los ojos.
Nunca está uno contento donde está, le dijo el guardagujas. Allí está. Solo los niños saben lo que buscan… y por eso dedico esta columna a Lourdes que sabe muy bien de eso, y para recordarle, recordarnos, que “los vanidosos sólo oyen las alabanzas”.
El agua también puede ser buena para el corazón, como Lourdes Silva. Cuando vuelva El Principito lo llevaremos a Isla Grande.