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‘El rey de la huincha’ partió, después de una larga carrera

En el argot hípico suele decirse que fulano o mengano es “un hípico de tuerca y tornillo”. Si entendemos esta expresión como la condición de estar aferrado


Egbert Lewis (egbert.lewis@epasa.com) / -

En el argot hípico suele decirse que fulano o mengano es “un hípico de tuerca y tornillo”. Si entendemos esta expresión como la condición de estar aferrado a todo el engranaje que compone la maquinaria de esta industria, debemos concluir en que Francisco “Pancho” Rodríguez fue un hípico de esos.

Al caer la tarde del pasado jueves 11 de julio se esparció la noticia de que “Rey de la huincha” había muerto. “Pancho” Rodríguez nació en La Chorrera en los albores de la República y marcó toda una época en el deporte de los reyes. Su desaparición nos causa un inmenso vacío, porque se hizo querer y respetar por su don de gentes, su caballerosidad y su proceder honesto en todas las fases en las que pudo desempeñarse durante los más de 70 años que vivió para la hípica.

Sí, don Pancho vivió para la hípica. Fue un luchador y, sobre todo, un trabajador infatigable por este deporte.

En principio destelló con látigo de primer nivel. Primero en Panamá, después en Venezuela, Cuba, Trinidad y Tobago y Estados Unidos. En Panamá se formó, pero en Venezuela fue donde se hizo, a tal punto que cuando decidió guardar las botas y poner la fusta en reposo, gozó una jubilación producto de su larga campaña en esos lares.

Mientras estuvo radicado en Venezuela, volvió muchas veces para cumplir compromisos aquí, y el más notable de ellos fue en 1955 cuando llegó contratado para montar a Atys (El fenómeno gris) con el cual ganó el Clásico Presidente de la República. Solo en Panamá triunfó en 818 carreras, incluidos 29 clásicos. En Venezuela se retrató 415 veces, además de su paso ganador por los países que mencionamos arriba.

Pero el legado de Francisco “Pancho” Rodríguez se extendió más. Fue juez de ruta, de partida, y miembro del cuerpo de comisarios. Se desempeñó profesionalmente como entrenador y también fue dueño de caballos.

Se le recuerda como maestro, ya que durante 14 años estuvo vinculado a la Escuela de Jinetes del Hipódromo Presidente Remón como instructor principal. Aprovechó la oportunidad para transmitir sus conocimientos a decenas de jinetes en diferentes generaciones y dejó para la posteridad figuras que todavía hoy lucen cualidades en las pistas de Panamá y el mundo, como Edilberto Rodríguez, Wigberto Ramos, Roberto Pérez, Abdiel Toribio, Aurelio Toribio, Jesús Barría, Oscar Chávez y otros.

Sin bien se dedicó por completo a la hípica, en la intimidad lo conocimos como un fanático del béisbol, de los Yanquis y, por supuesto, de Mariano Rivera.

En el plano personal tuvimos una relación muy cercana con “El rey de la huincha”. Nos permitió el honor de conocer y tratar a su esposa América (Meca) quien, mientras estuvo en vida, lo acompañó en todas sus inquietudes hípicas. Fuimos huésped de su hogar varias veces e incluso compartimos con ellos nueva casa en la barriada de San Antonio y el momento feliz cuando decidieron -después de más 50 años de matrimonio civil- unir sus vidas bajo el consentimiento de Dios..

Pero la hípica no era la única pasión deportiva de Pancho. También seguía celosamente los resultados del béisbol Caribe, especialmente a los equipos venezolanos y no les perdía la huella a los Yanquis de Nueva York ni a Mariano Rivera.

Como buen hípico, como hípico de tuerca y tornillo, “Pancho” Rodríguez no quiso irse cualquier día. Partió un jueves, un día de carreras. Nos entristece que se haya ido, pero celebramos la larga carrera que tuvo y los múltiples éxitos que cosechó.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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