El año nuevo nos sorprendió con la noticia de que Equus Entertainment, había logrado, mediante el gobierno uruguayo, la concesión para administrar el histórico hipódromo de Maroñas, el importante de ese país.
Esta adquisición vino a sumarse a otras posesiones de la Corporación Equus, que incluyen el V Centenario, en República Dominicana; El Comandante de Puerto Rico; Los Comuneros, en Medellín y el Presidente Remón, en Panamá, entre otros.
Con la promesa de unos 90 millones en aportes al gobierno uruguayo por los siguientes 30 años, más los dividendos que deben otorgarse a los dueños de caballos y demás profesionales relacionados con la hípica uruguaya, resulta difícil aceptar que la situación financiera de Equus Entertainment sea tan tétrica, como hemos asumido muchos.
Entonces habría que preguntarse: ¿dónde está el problema?.
Un frío análisis de la situación nos permite inferir que Jim Wilson, el gran jefe de Equus, tiene un plan o sueño, el cual quizás demore un tiempo en concretarse y en el interín la paciencia y la resistencia de los hípicos panameños se irán mermando.
Aunque no ha satisfecho las expectativas de la comunidad de hípicos panameños, hay razones que nos permiten creer que Jim Wilson y su compañía que, en menos de ocho años se ha expandido por todo el Caribe, Centro y Sur América, tienen un plan que al final pudiera ser la salvación de la hípica regional, aunque en el trayecto hacia esa meta habrá, como en todas las revoluciones, sus muertos y heridos.
¿Cuál es el plan?. Fácil.
Una vez Equus se posesione de manera efectiva del mercado hípico de las regiones anotadas arriba, después intentará una gran maniobra para llevarlos a la integración. Así como lo leen. Hombres y mujeres que históricamente han hablado el mismo idioma y han compartido las mismas añoranzas, dentro de algunos años, pudieran apostar por los mismos caballos, aplaudir a los mismos jinetes y compartir las ganancias del mismo negocio.
Esta es la única explicación sensata que encontramos a la política administrativa y de expansión regional que percibimos en la conducta de Jim Wilson y su empresa. ¡La globalización de la hípica!, ese es el plan.
A simple vista, este sueño de Equus no parece malo y tampoco imposible. El problema está en cuánto podrán esperar los dueños de caballos y demás sectores involucrados en el negocio. Creemos que muy poco.
Entonces, deben buscarse mecanismos que garanticen un mínimo de ganancias para los sujetos de la hípica, para que los mismos se mantengan en el juego, hasta que el sueño se haga realidad.
De lo contrario, después un par de años Equus tendrá muchos hipódromos integrados, un sueño por hacer realidad, pero sin nadie que lo pueda compartir de con ellos.