Luego de la desfachatez de irse a pasar las fiestas de fin de año a su natal Colombia, mientras la selección de fútbol de Panamá entrenaba para el repechaje a la Copa América Centenario, el técnico de la Roja, Hernán Darío "El Bolillo" Gómez, sigue equivocándose en sus decisiones fuera de la cancha.
La noche del viernes, luego de golear a Cuba 4-0, y apoderarse del último cupo al torneo conmemorativo por los 100 años de Conmebol, "El Bolillo" tenía la oportunidad de hacer olvidar el incidente antes mencionado y celebrar junto a la fiel la hazaña, sin embargo, se presentó prácticamente obligado a la conferencia de prensa pospartido, y en vez de darle la cara a la prensa, se enfocó en plantearle una guerra. Contestó preguntas de forma tajante y con frases llenas de sarcasmo a cada interrogante formulada por los medios de comunicación.
En vez de hacer las paces, quiso mantener la polémica viva, algo contrario a lo expresado en un video que publicó la Federación de Fútbol de Panamá (Fepafut), en el que el propio entrenador llamaba a la unidad en este 2016.
Como si fuera poco, la premura que mostró "El Bolillo" por salir de la sala de prensa del estadio Rommel Fernández, sede del duelo entre panameños y cubanos, resultó de mal gusto para todos los presentes. Al menos que alguna necesidad lo apremiara en ese instante, resultó una total falta de respeto del timonel de la Roja hacia los presentes. El colombiano tuvo que ser atajado cuatro veces por preguntas de la prensa local, ante su urgencia por marcharse.
Después de ver esta actitud, mucho sentido toma la forma de comportarse de algunos jugadores del equipo nacional, quienes también le plantan guerra a la afición y a la prensa, sin recordar que ellos, los seleccionados, se deben a un país, no a sus intereses ni a sus gustos personales.
Después de ver esta actitud, mucho sentido toma la forma de comportarse de algunos jugadores del equipo nacional, quienes también le plantan guerra a la afición y a la prensa, sin recordar que ellos, los seleccionados, se deben a un país, no a sus intereses ni a sus gustos personales.