Dice el refrán que "la tercera es la vencida". En el caso del escritor argentino de 34 años, Andrés Neuman, galardonado en mayo pasado con el Premio Alfaguara 2009, fue la cuarta novela suya la que lo llevó a la fama y a recorrer Iberoamérica.
¡Enhorabuena! Neuman llegó a Panamá el domingo pasado, para la presentación de "El viajero del siglo", que le abrió de par en par las puertas del mundo literario.
Valga señalar que este escritor no es la primera vez que saborea el triunfo, porque su primera novela, "Bariloche", que publicó a los 22 años, quedó de finalista en el Premio Herralde y también corrió suerte parecida, pero en el Premio Primavera "La vida en las ventanas".
Y ¡qué decir de dos poemarios suyos, "Métodos de la noche" y "El Tobogán", que le valieron, respectivamente, el premio Antonio Carvajal y el premio Hiperión.
De su trayectoria literaria también es digno de resaltar el hecho de que fue elegido entre el grupo de autores jóvenes destacados nacidos en Latinoamérica, y, por ende, forma parte de la selección Bogotá-39, al igual que el panameño Carlos Oriel Wynter Melo, quien, por cierto, fue uno de los que lo presentó, durante la gala en la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero el pasado lunes en la noche.
La gira.
Neuman llegó a Panamá el domingo 22 de noviembre, procedente de República Dominicana. Ha estado en Guatemala, Honduras, Estados Unidos, Puerto Rico y el miércoles de esta semana partió hacia EL Salvador. Le siguen en este periplo México, Costa Rica y luego volverá a España, en donde reside (en Granada) desde los 13 años.
Y, ¿cómo es él?.
Es joven, es guapo, tiene excelente sentido del humor, le encanta tomar fotografías y es también un exitoso periodista.
En cuanto a sus logros académicos, les podemos adelantar que tiene un título de licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, donde funge como docente de literatura hispanoamericana.
No se anda por las ramas para decir lo que piensa, si no hubiera sido escritor, habriá sido futbolista, pero, no cree que le hubiera ido muy bien, fueron algunas de las cosas que conocimos en estos tres días que estuvo en Panamá acerca de quien dedicó "El viajero del siglo" a su madre.
Asimismo, supimos que escribir la novela le tomó más de un lustro. La mayor parte del tiempo fue la fase de investigación.
La vida la toma como viene y trata de verla con el optimismo que parece ser innato en este joven hijo de emigrantes argentinos que hallaron cobija en España.
Ahora bien, no fue tan fácil como suena. No fue asunto de llegar y plantar bandera. Tomó su tiempo labrarse un camino.
Al llegar, su padre estaba desempleado. No tenían techo y su madre era la que llevaba el pan al hogar.
Superaron escollos y ahora helo aquí, como viajero del Siglo XXI, hablando de ésta época y casándola con el Siglo XIX.
La raíz
Pues, a él le encantaba escribir casi desde el útero.
No había aprendido aún a trazar en el papel las letras del alfabeto "con sentido", cuando ya su mente hilvanaba historias. Era un maestro en ello. Le fascinaba.
"Me di cuenta de que eso me iba a gustar. Cuando terminaba de escribir me sentía feliz.
Descubrí que escribir era una forma de que sucediera lo que fuera sin necesiad de aburrir a nadie".
Más tarde corroboraría que, sí, la literatura es un maravilloso vehículo para contar historias.
Entonces, a los 7, 8 y 9 años, estaba en un dilema, porque vino esa afición por el fútbol, que, porque Dios sabe lo que hace, nunca cultivó, porque flaco favor le hubiera hecho. No es lo suyo. Lo suyo es escribir, como bien lo demuestran otros libros nacidos de su mente y mano, entre los cuales los hay de cuentos (El que espera, El último minuto y Alumbramiento) y poemarios (Métodos de la noche, El tobogán, La canción del antílope o Mística Abajo, al igual que la colección de haikus Gotas Negras y los Sonetos del extraño).
La novela galardonada y el arte de escribir.
Al hablar de "El viajero del Siglo", que fue la elegida entre los 546 manuscritos que compitieron por el Alfaguara este año, cabe decir que cual las pompas de jabón que trata un niño de agarrar y se le escapan entre los dedos, así es Vandemburgo, la ciudad donde Cupido hace de las suyas y Hans y Sophie se enamoran.
En "El viajero del siglo", dice el autor argentino, "Hans siempre estaba a punto de irse y ocurría algo que lo retenía. Lo último fue Sophie".
Esa ciudad es imaginaria, ficticia, imposible, cambiante, dice el novelista. Hans no puede atraparla, pero la ciudad se quedó con él.
"Es siempre una ciudad nueva. Las plazas y los cafés mo están siempre en el mismo lugar. Allí el extranjero es dos veces extranjero", explica.
Ese lugar espacio habla de procesos migratorios.
"Hans está llegando en su carruaje y la ciudad parece que se aleja. Se está escapando", describe Neuman.
Sigue diciendo que pareciera que a Vandemburgo tienen que perseguirla para entrar a ella.
Luego aclara que más difícil que entrar es salir del laberinto.
"Vandemburgo es una ciudad errante. Ciudad de vagabundo, mitad fantástica y mitad realista. Sabemos quién gobierna, cómo es la prensa y el clero, cuándo y cómo sucede cada cosa".
Pudiera estar en Alemania o en cualquier punto del planeta donde migrar es asunto de todos los días. Es ayer, es presente...¿y futuro?
En la obra quiso poner a dialogar los Siglos XIX y XXI. Están retratadas dos épocas con sus costumbres y sus tabúes.
Relató anécdotas.
Por ejemplo, de cuando empezó a documentarme sobre el Siglo XIX.
Recorrió una semana en una bicicleta que alquiló la que iba él a convertir en su famosa novela en el escenario del romance entre Hans y Sophie.
Riéndose dice que ese recorrido lo hizo en verano y se iba imaginando cómo podría ser en invierno.
"La imaginación es todopoderosa. Iba sudando como un cerdo, muerto de calor cambiándome de ropa a cada rato, atravesando un trigal dorado, pero imagiándome cómo el carruaje donde llegaba Hans con su arcón al pisar el nevado trigal lo aplastaba todo..."
Ahora bien, sobre los personajes de "El viajero del siglo", nos cuenta Andrés que "Hans es un hombre de carne y hueso, con ideas y pensamientos muy concretos".
Añade que en la obra relata de lo más humilde a lo más prosaico de la relación de éste con Sophie y así como describe un movimiento de abanico, una mirada oblicua, un parpadeo, habla de los humores corporales, el rumor de la falda que se mueve, una puesta de sol, muestra a Hans afeitándose.
Allí el lector puede asistir a un encuentro de dos seres que arden en pasión. Al leer, casi ver "como se van transformando en un hombre y una mujer", que " hay cosas que le sudan a Sophie, quien aparte de leer a Kant le viene la regla..."porque el autor abunda en detalles y desmitifica el amor romántico.
"Mitad es cortejo de salón, muy victoriano, muy sutil; mitad hacen toda clase de cochinadas. Ustedes la van a comprar por la mitad de las cochinadas", dice Neuman riéndose y un coro de carcajadas le hace eco, en la BINAL.
En un relato ameno, donde los personajes aunque son hijos de su imaginación (Hans, Sophie, el anciano organillero) hace sentir al lector empatía con ellos y todos los exiliados que buscan calor en otras tierras por múltiples razones.
Admite que la extranjería, la inmigración y todos los páramos que pudieran pasar los emigrantes en cierta forma son una constante en su obra. No necesariamente es intencional. Sucede.
Es, quizás, su subconciente, que de alguna forma saca esos fantasmas y vivencias enterradas en algún recóndito espacio del archivo mental y del cofre de emociones que es el corazón humano.
Confecciona un tejido, una trama, con recuerdos, sucesos y testimonios de hechos, personas y lugares reales y una gran dosis de ficción.
El resultado es una historia de amor, donde lo posible y lo imposible están entrelazados, en la que este hoy "emigrante con suerte", como se autodenominó, saca toda su artillería de recursos literarios para así coronar el éxito: 175 mil dólares en el Premio Alfaguara 2009, una escultura de Martín Chirino, un recorrido por Iberoamérica y seguramente vendrán más galardones y vivencias enriquecedoras.
De hecho, está descubriendo cómo es Latinoamérica en verdad. Aunque lleve años pintando retratos de ella y su historia a sus alumnos nunca es igual como cuando cruzas las fronteras geográficas y mentales y estás cara a cara con los pobladores de cada país y ves lo que tienen en común y a la par su heterogeneidad.
En las naciones que ha visitado a la fecha, va agregando a su equipaje recuerdos tangibles y no tangibles, anécdotas y aprendizajes. Va aprendiendo un mundo sobre cómo son y cómo no son sus hermanos de habla hispana de otras partes del continente con los y las que no estaba familiarizado.
Como buen escritor y periodista está archivando datos en su memoria y en el papel, sobre lo que ve en cada uno de los países que visita en su gira. Escribirá un Diario de Viaje, que publicará en mayo, cuando se declare el próximo ganador de Alfaguara.
"Es una forma de viajar dos veces"; afirma.
Ahora bien, Andrés Neuman no es de los que "programa" lo que escribirá.
Explicó que en alguna obra suya próxima le gustaría, quizás, que hubiese un niño narrador, buscar el extremo opuesto. "Irme a un territorio totalmente distinto. Irme planteando nuevas herramientas".
A la hora de escribir una novela no suele pensar sobre el argumento. Para él es algo intrascendente. No es lo principal. Cón qué punto de vista y con qué voz es lo primordial para él.
Se goza en idear qué recursos literarios usará para escribir mejor.
"Es un buscar. Es como un juego", y, le divierte "no conocer las reglas. Reinventar".
Éstas dependen de qué juego estás jugando, dice.
Esa parte del oficio de escritor de verdad que es una de las que más le apasiona. Es una gran responsabilidad.
"La invención de las reglas. ¿Cómo? ¿Cuándo y por que las inventas".
Considera a la literatura "un ejercicio anfibio: Estás con un pie afuera y un pie dentro. Cerca y a la vez lejos. Solo y acompañado".
Ella es también "renovación permanente del lenguaje".
Leer, a su juicio, es "estar en contacto con el habla de todos los siglos", a la par que "renovación" constante.
Escribir, no le queda duda, "tiene que ver con el entrar y el salir, estar lejos y estar cerca".
Más trucos, secretos y "confesiones"
Como la literatura, escribir, le encanta, "por pura omisión es que re escribo", afirma, y enfatiza: "Creo mucho en la corrección, creo que escribir es re-escribir. Escribir bien es corregir".
Él suele trabajar primero la sintaxis, la arquitectura, el esqueleto de su prosa.
La suya, admitió, es una novela que suena.
Es, además, un trabajo por capa. Cada capa se ocupa de uno de los niveles.
Va de los más básicos a los otros.
¿El resultado? "El resultado tiene que ver más con la paciencia y con el disimulo.
El talento tiene que ver con la corrección y con los descubrimientos.
Por otro lado, cuando le preguntan qué tanto hay de autobiográfico en su obra, se ríe con esa risa suya tan fresca, tan desenfadada y explica que: "Los temas de fondo siguen siendo los mismos. No puede escapar. Qué es ser extranjero, la familia, la inmigración, la extranjería...No puedes escapar.Todo es un artificio para hablar de la lo mismo sin repetir los recursos", admite.
En el conversatorio en la BINAL, rememoró cómo se cuelan hechos reales y personajes, con otros nombres o en otras circunstancias, en las obras de todo escritor y su caso no es la excepción.
"Uno termina haciéndolo, una transmisión de vida vivida, sin que se note", dice, y agrega que la música de Strauss le recuerda a su madre, a quien dedica la novela.
Así lo ven ellos.
Briseida Bloise dijo del joven escritor que "Ya es un inmortal de la literatura",.
Por su parte, Juan ABelardo Carles expresó que "la naturaleza de su prosa es muy densa, no deja espacio, todo está utilizado, es muy cargada, muy estructurada... con tu prosa puedes tocar, con tu prosa el lector puede oler, reproducir el mundo de una forma multisensorial".
¿Recuerdan que les dijimos que Carlos Wynter Melo y Andrés Neuman se conocieron en Bogotá´39? Al hablar de él dijo que es agradable, accesible y está haciendo buena literatura y casi volvió al momento del encuentro y lo que más le impactó: "Lo vi moverse con gestos de quien no era de este mundo, con gestos de persona que realiza un viaje literario" y es que, añade "no habló, escribió en el aire".
Añade que "sus libros son el espejo en que Andrés se descubre".
Consejos.
Para los que han sopesado la posibilidad de escribir, Neuman les dice:
"Hay que leer mucho. Mientras más lees, más tentación tienes de probar ese fruto prohibido que está en los libros, da ganas de mordelos".