(Una pausa: felicito al poeta Javier Romero, Premio Gustavo Batista Cedeño 2009, por su poemario “Lluvia inflamable”, galardón que nos satisface; de él, como promesa que se hace realidad, ya hemos hablado aquí).
Continuamos. Las lluvias de mayo enverdecen los campos, los paisajes, y hay tanto follaje rodeándonos que caemos en la tentación de creer que no existen amenazas para semejante verdor.
Fue un español, valenciano para más señas, quien nos marcó con un epíteto que quizás hemos oído muchas veces sin saber su procedencia: “Panamá, la verde”. Entre los libros de mi biblioteca está la Revista Cultural Lotería No. 52, de septiembre de 1945. Allí, de la página 9 a la 11, alrededor de un retrato del autor, aparece un artículo de Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928), escrito durante su paso por nuestra capital, a fines de 1923.
El político, periodista, pero sobre todo escritor ibero, venía precedido por la fama de obras como “Sangre y arena” y “Los cuatro jinetes del apocalipsis”, entre otras. Aquí fue atendido personalmente por el presidente Belisario Porras, quien le asignó como edecán a un joven catedrático del patio: Octavio Méndez Pereira. Este lo lleva a departir con otros poetas nacionales, en los que admira su “visión intelectual siempre clara y precisa” y quienes (estoy citando a Blasco, aunque parezca que ironizo): “desempeñaban altos cargos públicos” en el país.
Con Méndez Pereira entabla conversación sobre la figura de Balboa, que interesaba literariamente al español. Al parecer, Blasco Ibáñez se proponía escribir otra de sus novelas históricas usando al “Caballero del Barril” como protagonista, pero la muerte lo sorprende sin lograrlo y es al futuro fundador de la Universidad de Panamá al que le correspondería crear “El tesoro del Dabaibe”, en 1934, obra que dedica a aquel preclaro amigo que se deslumbró con “esta pequeña y tranquila República, presidida por un escritor”, el que, agregamos, se esmeraba por invitar a su patria a prohombres que le darían lustre a esta tierra y luces a su gente.
A medida que mayo enverdece el istmo, rememoro las palabras de Blasco Ibáñez sobre aquel Panamá de poetas y hombres probos y visionarios: “Hay otros países donde parece que todo queda dicho con anotar que su color es verde. En Panamá, esta palabra resulta pobre, inexpresiva, débil. Hay que repetir sin cansarse: verde, verde, verde, verde… ¡Oh, Panamá La Verde!”.
Distínguete como panameño; lee a los autores nacionales.