Irving Saladino lo sabe: todos quieren el trono olímpico, desde el italiano Andrew Howe hasta el cubano Ibrahim Camejo.
Casi siempre, en la prueba de salto largo de los Juegos Olímpicos, el oro va a parar en manos del favorito o del saltador que mejor está en forma: Carl Lewis, en cuatro ocasiones; Bob Beamon, Iván Pedroso y más recientemente Dwigth Phillips, en Atenas 2004, nos dan fe de ello.
En Beijing 2008, donde Saladino llega como favorito, esperamos que no se rompa esta tendencia.
Pero hay quienes intentarán tumbar al panameño, como el italiano Howe, número dos del planeta y uno de esos atletas que ha obviado algunas competencias para concentrarse, específicamente, en los Juegos Olímpicos.
Por su parte, a Bayano Kamani los expertos lo han descartado para estar en el podio. Kamani, de 28 años, representa todo lo contrario a Saladino: es ese tipo de atleta inconsistente, de difícil pronóstico, que en un abrir y cerrar de ojos puede colarse en una final como lo hizo en los Juegos de Atenas y en los pasados Panamericanos de Río de Janeiro donde, con algo de suerte y para sorpresa de muchos, terminó con la medalla de plata en su pecho.
Este viernes el vallista hace su debut... vamos a ver qué nos trae.