El partido entre Francia y Senegal, que el mañana abrirá el Mundial de Japón y Corea, el primero del siglo XXI, estará marcado por la ausencia del centrocampista francés Zinedine Zidane, elevado a la categoría de gran estrella de una competición que nacerá huérfana.
La baja del 10 de los campeones del mundo centra toda la atención de un encuentro entre dos selecciones con objetivos bien diferentes, que comparten años de historia e innumerables relaciones futbolísticas.
Mientras que los "bleus" tratarán de poner la primera piedra de la renovación del título conquistado en su propia tierra hace cuatro años, los "leones" senegaleses no descartan dar la sorpresa en su primera participación en un Mundial, en el que debutarán contra la que fuera su metrópoli, y que acoge en su liga a la mayoría de los senegaleses.
Pero este partido cargado de símbolos, definido por Michel Platini como un encuentro entre "futbolistas franceses que no juegan en Francia contra futbolistas no franceses que juegan en Francia", adolecerá de la ausencia del hombre que centra todas las miradas en las últimas semanas.
Autor del golazo que le dio al Real Madrid su novena final de la Liga de Campeones, Zidane estaba llamado a ser el símbolo del Mundial del Extremo Oriente.
La rotura fibrilar que "Zizou" se provocó en el amistoso que Francia jugó el pasado sábado contra Corea ha marcado la actualidad de los "bleus", que estudian la forma de ganar sin su estrella.
Tanto los jugadores como el seleccionador, Roger Lemerre, coinciden en señalar que, huérfano de su número 10, el equipo se resentirá, pero también afirman que los campeones del mundo y de Europa tienen calidad suficiente para repetir la victoria.
"Con Zidane somos más fuertes, eso es seguro, pero no podemos hacer nada y el objetivo es el mismo. Vamos a ganar sin él", aseguró el centrocampista Patrick Vieira.