El Gobierno del presidente colombiano, Andrés Pastrana, y la guerrilla de las FARC se acusaron mutuamente de poner en peligro el plan de paz, mientras delegados de la ONU se reunían con los rebeldes en la zona despejada para tratar de reactivar las negociaciones, en punto muerto desde el pasado 17 de octubre.
Pastrana, cuyo mandato terminará el 7 de agosto de 2002, señaló ayer que lo único que acabaría con el proceso, iniciado en enero de 1999, "sería la falta de cumplimiento de la palabra por parte de las FARC", aunque llamó a los guerrilleros a retornar pronto a la mesa para discutir una probable tregua bilateral y el cese al fuego y las hostilidades.
"El país sabe que Andrés Pastrana como presidente tiene palabra y que la ha cumplido, así que lo que falta es que las FARC cumplan la suya", dijo el mandatario, antes de viajar a Lima para participar en la XI Cumbre de jefes de Estado y Gobierno de Iberoamérica.
Pastrana respondió así al máximo líder del grupo rebelde, Manuel Marulanda, "Tirofijo", quien lo acusó de herir de muerte el proceso de paz, al imponer, desde el pasado 7 de octubre, nuevos controles militares en torno a la zona despejada de 42,000 km2 del sur del país, escenario del diálogo y bajo control rebelde desde hace tres años.
Marulanda también reiteró que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia no retornarán a la mesa mientras no existan las "suficientes de distensión, por donde, según denunció en otra ocasión, sobrevuelan aviones militares.
"Tirofijo" también acusó a Pastrana, en una declaración al semanario comunista Voz de Bogotá, de haber "amenazado con comprar armas para intensificar la guerra" del país andino y haber "agredido verbalmente" al movimiento rebelde, durante una visita que efectuó hace dos semanas a Estados Unidos.
Marulanda exigió a Pastrana decir en público sobre si las FARC (16,500 combatientes) son "terroristas y narcotraficantes", tal como lo afirmó en Washington.
"Si Pastrana considera que somos terroristas, no debe dialogar con gente así", enfatizó el septuagenario líder rebelde. El presidente en varias ocasiones que expresó que le corresponde al grupo grupo guerrillero, y no al Gobierno, "determinar, con sus acciones, si quiere que el mundo lo catalogue como un movimiento insurgente o como terrorista".
Asimismo, "Tirofijo" señaló que no lanzó un ultimátum en una carta que remitió el pasado 7 de noviembre a sus cinco delegados en la mesa de negociaciones de paz, a través de la cual ameazó con dar por cancelado el diálogo y devolver la zona del despeje al Gobierno si no se levantaban los controles militares.
Marulanda se quejó, además, de que el Gobierno no haya aceptado "negociar" con las FARC la aplicación del Plan Colombia de lucha antidrogas, al que Estados Unidos aporta 1,300 millones de dólares en ayuda económica y militar, para irritación de los rebeldes.
En medio del cruce de acusaciones entre Pastrana y Marulanda, el enviado especial de la ONU para Colombia, el noruego Jan Egeland, viajó ayer a la zona despejada del Caguán para hablar con los líderes rebeldes.