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Habemus papam…

Lo de nuestro amigo Ratzinger, es cuando menos curioso. El papa anterior, el que todos proclaman santo, estuvo hasta el final aferrado al solio. Lo que sí es casi seguro es que el que venga no va a tener ni las ganas ni el apoyo para limpiar los establos de Augías.


Mónica Miguel Franco (Antropóloga y escritora) / PANAMA AMERICA
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Qué cosas pasan en Carnavales. Quizás Biendicho pensaba que haciéndolo así a lo mejor ni nos enterábamos de la vaina hasta que de repente asomaba otro saturno en lontananza y debajo no estaba el rostro del alemán que todos conocemos.

Que sí, que los papas pueden renunciar, y efectivamente varios lo han hecho, Celestino V en el siglo XIII, pocos meses después de ser designado papa, para volver a ser ermitaño. Se conoce que el Vaticano era demasiado ruidoso para él.

Otro Benedicto, éste en el siglo XI, que fue papa tres veces (no se crean ustedes que lo de la historia de la Iglesia Católica Apostólica y Romana ha sido un camino de rosas sin espinas) y renunció la segunda vez para poder casarse. Sí, así como lo leen. Fíjense qué cosas. No se escandalicen, que lo del celibato obligatorio no se decretó como tal hasta el Concilio de Trento. Aunque a mí, realmente me asombra más saber que una de las otras veces renunció para poder vender su mitra al mejor postor. Y aquí paz y luego gloria, ¡sí señor! Con dinero y con mujer, así quien no dedica el resto de su tiempo a los asuntos de la Iglesia...

El último papa en renunciar hasta ahora fue Gregorio XII, que dejó el cargo en julio de 1415 a raíz del pitote que se montó con el tema del Cisma de Occidente.

Lo que es curioso es que nunca había renunciado ninguno por motivos de salud. Eso es lo que me llama la atención. Ha habido papas agonizantes durante meses, muriendo de a poquitos en el lecho, sin poder ni saber hacer nada más que tratar de meter otro aliento en su cuerpo y no pasó nada de nada. Total, no eran más que figuras decorativas a las que el camauro les sentaba bien y los que de verdad mangoneaban el mundo conocido eran los que han sido siempre, el poder detrás del trono de San Pedro, los cardenales, los secretarios, los de confianza. Vamos, los mismos de siempre. Y cuando el pontífice fastidiaba mucho o se negaba a hacer lo que era bueno para la cristiandad pues se montaba otro concilio y se le nombraba antipapa, o se le envenenaba, y si el veneno no actuaba lo suficientemente rápido, como en el caso de Juan VIII, pues se le remataba a martillazos en la cabeza. Los que han sido positivamente asesinados son unos trece, pero hay otra lista, de unos doce, con muertes sospechosas que nunca fueron totalmente aclaradas.

La cosa es que yo digo que lo de nuestro amigo Ratzinger, (que ya no es papa, con lo cual, no habla en público y podemos llamarle por su nombre civil) es cuando menos curioso. El papa anterior, el que todos proclaman santo, estuvo hasta el final aferrado al solio.

¿Será que los polacos son más resistentes al dolor que los alemanes? ¿O será que los escándalos habidos y por haber en la Santa Católica y Apostólica urgen un cambio de rostro? Sabios tiene la Iglesia para estos casos, que si ha durado dos mil años por algo habrá sido.

No nos hagamos ilusiones, lo que sí es casi seguro es que el que venga no va a tener ni las ganas ni el apoyo para limpiar los establos de Augías. Seguro que todo sigue igual, en un status quo eclesial y celestial.

[B]P.S.[/B]Esperemos a ver qué nos depara el humo blanco, pero me asombraría si fuera aceptación de las diferencias, curas casados, mujeres sacerdotisas y condena real y castigo efectivo de los abusadores…


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863467
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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