Minibiografía
- Nombre: Alicia Viteri (Colombia, 1946).
- Residente: Panamá desde 2007.
- Premios: Morada al sur. Nariñense destacada (1997). Selección final. Trienal de pintura Osaka 93, Japón (1993). Mención de honor, Intergrafik 87. Berlín (1987). Selección final international print exhibit. China (1987). Exposición homenaje años de fundación de la Ciudad de Pasto. (1987). Premio Nacional de Pintura XXX Salón de artistas colombianos. Selección final international print exhibit. China. (1985)
Me alimento de la gente, de los seres humanos; ese es mi alimento principal, mi tema principal de siempre. Son retratos universales, no son de nadie en particular.
Con el montaje de la exposición “Terrícolas”, que se inaugurará este martes en el Museo de Arte Contemporáneo, queda garantizado que no desaparecerán todos los electrodomésticos de Alicia Viteri, quien echó mano de muchos de ellos para crear las 72 esculturas a través de las cuales sustentará su convicción de que los “terrícolas” tenemos dos caras.
Y nadie se salva, porque aunque son 72 piezas, cada una de ellas tiene dos rostros, que representan, dice la artista, a quienes manejan los hilos. Viteri se ocupó de que sus personajes estuvieran vestidos de la mejor manera, con botas de buen cuero y que lucieran corbatas de seda, aunque en algunos casos tengan corazón de escorpión, lenguas de víboras o se fumen todo lo que les caiga en la boca.

Para la exposición se ha construido una pasarela y, como es usual, todas la luces estarán sobre las estrellas, en este caso “los doble cara”.
“Por eso están tan y se presentarán sobre la pasarela porque son gente que siempre está lista para la foto”, comenta con ironía Viteri.

Y como son gente como cualquiera, ahí están representados todos los estratos de la sociedad, incluyendo un número importante de generales, algunos condecorados con la muerte y con balas como medalla, por ejemplo.
“La idea es dejar a la imaginación de la gente, quiero que la gente encuentre”, explicó la artista, quien reveló que se incluyó entre las esculturas, aunque en su caso solo se puso un rostro, porque tras luchar con la muerte, concluyó en que el cáncer le quitó su otro rostro y la dejó con uno.

En lo que no deja espacio para la duda es en el hecho de que “la muestra es un retrato de una sociedad que todos conocemos. “Hasta donde yo sé, nadie tiene una sola cara”.
Y para muestra, hay muchos botones. Ahí está el tipo que siempre está de rumba o la mujer que está vestida de Chanel de arriba abajo, pero con la particularidad de que sus dos rostros están cubiertos por su largo caballo, lo cual despierta la curiosidad del espectador y lo invita a que penetre.

Y qué decir del personaje que se come a las niñas. En él se ve a quien presuntamente representa a una figura masculina, el cual se tragaba a varias niñas o se las come, según describe.
Los “Terrícolas” son el resultado de 2 años y medio de trabajo e iban surgiendo dos o tres de manera simultánea, mientras se transformaban ante los ojos de su productora.

Como en todo rostro, los ojos juegan un rol importante porque son el retrato, el espejo de la gente. Para ello, la artista se valió de todo y todos sus personajes no tienen los ojos más bonitos, pero de que hablan no hay dudas.
Eso así, aclara Viteri, todos sus personajes son diferentes porque nadie se parece a otra persona. La única semejanza está en que todos somos “doble cara”.

Lo que hace de estas esculturas algo distinto de lo que comúnmente vemos es que hay varios elementos simbólicos e icónicos.

Por ejemplo, hay figuras con cola de caballo real, con zapatos y ropa de seda, con prendas insospechadas y hasta una representante del Club Unión flanqueada por bolas negras, lo cual, bromea Alicia Viteri, tiene su historia.
“No hay ningún retrato en particular, se puede ver un personaje y decir que se parece a cualquiera. Es la visión que el espectador tenga con cada terrícola, porque no se identifica o no identifica a nadie. Hasta se puede identificar a sí mismo”, señala Viteri mientras comenzaba a afinar los detalles para la exposición.
Explica que los materiales que utilizó son diversos, que apeló al modelaje, a la joyería y al dibujo para encontrar las expresiones de los rostros.
Al final, ante sus ojos fueron creándose las imágenes de personajes como austero y el sonriente, aquel que siempre está listo para la fiesta, entre otros.
Ahí también tienen su nicho Las etinias y La Parranda, que vomita un corazón negro. Además del ludópata y hasta una cacica ante cuyos pies están y se mueve su pueblo.
“Yo nunca hago bocetos, generalmente voy directo. Mi primera etapa de formación fue el dibujo que tiene una característica fantástica que es la inmediatez. Uno ve el resultado en el instante. Igualmente con las esculturas, las voy haciendo y sobre la marcha de la ejecución me van dando las personalidades”, cuenta con entusiasmo la anfitriona de los “Terrícolas”.
A pesar de la espontaneidad de los personajes y de la concepción de los mismos, su recorrido por la pasarela termina en un punto lógico.
Los últimos son los ancestros porque, dice, todos tenemos un poco de indio, negro y de blanco.
Y como el arte no puede ser aburrido, tiene que integrar al público y habrá posibilidades de que la gente hable con la artista, mientras dure la exposición.
Originalmente, la idea era presentar 100 esculturas. Después se decidió por 75 para esta exposición, pero tres se quedaron en la cocina esperando ser terminadas, así que después que pase la exposición “Terrícolas”, lo que queda de electrodomésticos en su casa volverá a estar en peligro de convertirse en parte de una escultura.