Qué buena pregunta me hicieron. “Eileen, ¿que te llevó a tomar la decisión de dejar la natación competitiva? ¿Me imagino que fue difícil decidirte? ¡Wao! Gracias por la pregunta. Inmediatamente me trasladé mentalmente hacia el principio de mi carrera.
Estoy convencida de que una serie de factores en mi vida me han indicado cuándo y cómo tomar decisiones; es como mi eterna conexión con el elefante, dejarlo ir y verlo correr.
Claro, fue una decisión difícil porque no he dejado de amar la natación, me encantaba la alta competición, y no puedo evitar, cuando estoy en alguna piscina o veo la natación olímpica, querer competir y estar allí.
Fueron tantos años, recuerdos, enfrentando retos dentro y fuera del agua, superándome a mí misma; innumerables experiencias buenas y malas de las que aprendí y que me ayudaron a ser mejor persona y llegar donde estoy; honestamente puedo decir: ¡sí valió la pena!
Y se me pasaron 20 años de natación competitiva, de entrenar 365 días al año (quizás unos días menos... ja, ja, ja), miles de metros, en los que a medida que crecía, la exigencia aumentaba. Ahora, me pregunto: ¿cómo aguanté?, pero es que cuando estás enfocado y disfrutas lo que haces, el tiempo no importa y sigues sin parar, ya que la voluntad puede más que el cansancio.
Rebasar los límites del cansancio, soportar y superar el dolor de los entrenamientos, te hace mental y físicamente fuerte; te prepara para afrontarlo todo, y como dicen los norteamericanos, “No PAIN, No GAIN”, y tu recompensa y felicidad no tendrán límites cuando pasas la meta. ¡Pero, carajo, cómo duele! En mi caso diría que entrenar miles de metros, horas y horas, no poder compartir la mayor parte del tiempo con mis amistades ni llevar una vida normal como cualquier adolescente, para solo nadar ¡25 segundos! ¡Qué barbaridad! Pero sí valió la pena.
Decidir hasta cuándo seguir fue la decisión más difícil, pero tuve que enfrentarlo y aceptarlo. Con la edad de competencia, tu cuerpo te da las señales, tu resistencia empieza a disminuir y tu esfuerzo tiene que duplicarse para que puedas lograr resultados. Además, recordé que mi primera prioridad durante este proceso era poder tener la oportunidad de completar una carrera universitaria para convertirme en una profesional, y la natación era uno de los escalones para lograr esa meta y asegurarme un buen futuro. Por tal razón, tuve que aceptar que no todos los deportes competitivos son un “modus vivendi”, y en esos tiempos la natación no me iba a dar la calidad de vida soñada.
Cercano a la decisión, tenía la oportunidad de una segunda carrera universitaria, que justamente me brindó la universidad por el excelente desempeño deportivo, y con ello oportunidades profesionales que se nos presentaron. Entendí, en ese instante, que estaba muy cerca de mi meta y que al terminar mi carrera deportiva me iría con la frente en alto y agradecida porque cumplí conmigo, con mis padres, con mi país y con la misión que, quizás sin saberlo, vino de un ser superior.
El deporte, así como el estudio, jamás se deja, porque lo que bien se aprende nunca se olvida. Ese gusanito en el estómago antes de una competencia y la adrenalina nunca me dejan. Y lo volví a revivir cuando me invitaron a portar la antorcha en los Juegos Centroamericanos 2010 en Panamá. Con solo ponerme el uniforme de Panamá, no puedo explicar la emoción que sentí.
Ahora practico otros deportes para mantener la forma, y compito en varias carreras de triatlón.
Lo más gratificante ahora es participar en competencias apoyando fines beneficios. Mi reto deportivo más grande en 2012, fue participar en un “tour” de bicicleta de 208 millas desde Seattle, Washington, a Portland, Oregon, para apoyar con fondos para la cura del cáncer.
Al final, sé que tomé la mejor decisión porque sentí muchísima alegría al responderme a la pregunta: ¿Por qué llegar hasta aquí y no seguir? En vez de preguntarme ¿hasta cuándo seguiré? En el fondo de mi corazón, sé que el camino sigue y mi misión no termina, quizás en otras direcciones y lugares, pero como buena panameña sigo pa’ lante. Mi satisfacción y orgullo los llevo grabados en mi antebrazo, con un tatuaje de los aros olímpicos y III Olimpiadas que completé representando a mi bello Panamá. A veces perdí en el intento, pero perder también es ganar, y gané un futuro cuando decidí que hasta aquí llegaba.