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Hoy se renueva la gloria institutora


Fue la antropóloga y educadora Reina Torres de Araúz (q.e.p.d.), quien plasmó un sentimiento que se mantiene imperecedero: "quienes han sido institutores han tenido una vivencia que jamás termina y por eso, somos aguiluchos para toda la vida". Así es y seguirá siéndolo por los tiempos.

La magnificencia de sus edificios queda grabada de forma permanente en todo aquel que recorrió sus aulas. Las escaleras y los pisos de mármol revelan las huellas de miles de pisadas confundidas unas con otras por el apremio que produce el campaneo para el saludo de la bandera.

Cinco edificios majestuosos y monumentales. Imponentes y perdurables en el tiempo. Muros que fueron testigos silentes de los rumbos que la propia historia nacional tomaría para devolver a la cintura de América su más preciada conquista: la soberanía.

 

Cuna del debate y la enseñanza de excelencia, el Instituto Nacional fue declarado en 1971 Monumento Histórico Nacional por haber sido la primera casa de estudios de alto nivel académico al proclamarse la República.

El médico, historiador y egresado Alonso Roy (q.e.p.d.) consignó que la iniciativa de crear un centro único de educación fue del entonces presidente José Domingo de Obaldía y de su secretario de Instrucción Pública, Dr. Eusebio A. Morales, pero no le restó mérito al aporte que hizo antes el presidente Manuel Amador Guerrero, por idear un proyecto educativo ambicioso.

Inaugurado un 25 de abril de 1909, se imparten clases en la sede de la Escuela Manuel José Hurtado, en Calle 14 Oeste, Santa Ana; pero la capacidad física no fue suficiente para atender a los 298 alumnos matriculados en Humanidades, Comercial, Normal y en la sección Técnica.

 

Casi dos años después, se edifica la nueva sede. Para cristalizarlo se adquiere un terreno en las faldas del Cerro Ancón. Los planos le fueron encargados al arquitecto italiano Genaro Ruggieri, mientras que el ingeniero Florencio Harmodio Arosemena realizó la construcción.

Roy describió que “la construcción general era de piedra, acero y concreto con mosaicos y mármoles traídos especialmente de Europa. A cada lado de las escalinatas centrales y custodiando las puertas de entrada, se colocaron dos enormes esfinges de bronce, que han mantenido a través de los años su mirada adusta y seria vigilando las puertas del Instituto”.

Desde aquella noche del 18 de junio de 1911, cuando se encendieron las luces del Aula Máxima para inaugurar este plantel, “sus aguiluchos han transitado por la historia patria, en todas las posiciones y trincheras. Imprimiendo un sello de acendrado patriotismo y reciedumbre, firmeza y decisión, como verdaderos cariátides de bronce”, narró el historiador.

 

Cien años después, la Fundación Pro Instituto Nacional llama a sus egresados para celebrar la construcción -que además fue la primera sede de la Universidad de Panamá- con un desfile de antorchas que saldrá de la entrada principal a las seis de la tarde de mañana lunes 11 de junio.

Por su parte, la Universidad de Panamá, el próximo 13, abrirá una sesión de Consejo Académico Extraordinario en el Aula Magna, y el viernes 15 de julio, a las 6 de la tarde, la Fundación ofrecerá un brindis en el histórico salón.

Ha llegado el momento cumbre en que los egresados reanimen a voz en cuello el lema creado por su primer egresado y posterior rector, Manuel Roy: “Todo por la gloria institutora”.


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704129
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América