Hace poco, recibí el reportaje que María Soledad González, de la revista virtual argentina, Área del Vino, le hiciera al licenciado Hugo Sabogal. Con la autorización de la autora, me permito reproducirles un resumen de esa entrevista, esperando sea de su agrado e interés.
Argentina puede darse por bien servida en el mercado latinoamericano. En poco tiempo se ha colocado en los primeros lugares, algo que no le ha sucedido a productores como España, Portugal, Francia o Italia, que llegaron antes. Gracias a las tareas de promoción de Wines of Argentina, está ocurriendo, incluso, algo mucho más impactante: los compradores y consumidores ya empiezan a distinguir entre un vino de Salta y otro de Mendoza o Neuquén.
Uno, definitivamente, es la diversidad geográfica y climática, y la posibilidad de brindar productos con matices diferentes entre sí, pero, sobre todo, con características bien distintas frente a los que elaboran otras regiones del planeta.
Argentina puede seguir creciendo en Latinoamérica sin demasiados obstáculos. Es el único país de origen que, gracias a la tarea estratégica de Wines of Argentina, ha buscado acercarse a las culturas que lo acogen. Lo importante es que ven al vino argentino como un amigo que comparte con ellos la misma mesa y, en efecto, así es. Lo poco que hemos hecho en este campo ha dado resultados impresionantes.
En la mayoría de los mercados, Argentina se ha colocado detrás de Chile y ocupa el segundo lugar en el ranquin de proveedores. En Perú, ya ha pasado al primer lugar y puede ocurrir lo mismo en Brasil. En Colombia, cada día se acorta más la distancia, lo mismo que en la mayoría de los países centroamericanos y del Caribe, así como en México. Haber logrado esta posición en menos de una década es una proeza.
Pienso que el rango de precio es el adecuado. Estamos hablando de botellas con un precio promedio FOB de entre US$2 y US$3. En mi opinión, el principal enemigo, no sólo para Argentina, es el exagerado margen aplicado por algunos importadores y por el canal de restauración. Este mecanismo se convierte en la peor traba para estimular el consumo.
Quisiera referirme, primero, a las barreras arancelarias. Si el Gobierno de Buenos Aires se lo propone, muchas de ellas podrían desmontarse. En países como Colombia ya están en nivel "cero". En otros mercados, los impuestos de entrada están disminuyendo. Ahora, frente a otro tipo de obstáculos, el principal de ellos tiene que ver con los permisos sanitarios. Esta situación varía de país a país y es algo que también llama a los Gobiernos a buscar fórmulas de acuerdo para agilizar los trámites. Venezuela es quizás el lugar donde obtener una licencia toma hasta un par de años. En Panamá y Perú, la autorización es casi automática. En Colombia, el proceso es algo lento, pero cada día resulta más fluido.