Deportes

Indiferencia pública reinó en Cumbre del Milenio


Si algo concreto salió de la Cumbre del Milenio de la ONU, un intento por redifinir las nuevas metas del organismo mundial en el umbral del siglo XXI, es la enorme indiferencia pública que rodeó la presencia de los 154 líderes que durante tres días se reunieron en esta multitudinaria urbe.
Con excepción de los grandes periódicos nacionales como The New York Times y The Washingtn Post, y la radio educacional, National Public Radio, los medios televisivos y la prensa popular enfatizaron más que nada los inconvenientes que sufrieron los neoyorquinos en su vida cotidiana. Más atención prestaron estos medios a los atascones de tráfico creados por las limosinas, camionetas y autos de seguridad y la estrecha precaución policiaca aplicada a la sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y a los hoteles donde se alojaban los delegados, que a los discursos y las declaraciones que salieron de la cumbre.
Es cierto, por otro lado que la costosa reunión, que el secretario general de la ONU, Korfi Annan, convocó hace dos años para adaptar los principios aprobados por la organización hace medio siglo al nuevo entorno internacional terminó con una declaración llena de buenas intenciones, pero sin resultados concretos.
Se parece, mas bien, a tantos comunicados que emiten las otras cumbres, como la realizada a comienzos de mes entre los países sudamericanos en Brasilia, la anterior del Grupo de Rio y también la Iberoamericana que el año pasado se reunió en La Habana y el próximo noviembre hace escala en Panamá.
O sea, los poderosos del mundo reconocieron, al aprobar la Declaración del Milenio que, como dirigentes, tienen enormes responsabilidades frente a sus sociedades y el deber de proteger a los más vulnerables, especialmente a los niños, tema central de la próxima Cumbre Iberoamericana que se celebrará en Panamá en noviembre.
La declaración de la ONU también pone un especial énfasis en la responsabilidad de los países ricos en evitar que la globalización se convierta simplemente en un gran mercado sin fronteras, tal cual lo vienen advirtiendo las reuniones hemisféricas. Asimismo reconoce que hasta ahora los países en desarrollo sólo han soportado los costes y ninguna de las ventajas del entorno económico.
"La tarea fundamental a que nos enfrentamos es conseguir que la globalización se convierta en una fuerza positiva para todos los habitantes del mundo, ya que si bien ofrece grandes posibilidades en la actualidad sus beneficios se comparten muy desigualmente", dice.
"El éxito -señala- depende de la existencia de un sistema de comercio multilateral abierto, equitativo y no discriminatorio".
Por otro lado, los discursos han reconocido que la ONU, con todos sus defectos y las fallas demostradas en las operaciones de paz más que nada por falta de recursos, es la única organización capaz de llevar y las naciones industrializadas "se comprometen a cancelar las deudas oficiales".
Con todo, tres días de un desfile incesante de líderes, en los que Panamá estuvo representado por el vicepresidente Arturo Vallarino, discursos en las sesiones plenarias, discusiones en mesas redonda interactivas y, sobre todo, una intensa agenda diplomática desplegada en forma paralela a la Cumbre fueron un esfuerzo y un gasto gigantesco para el magro crédito que dejó.
También los medios dejaron entrever aspectos muy humanos pero quizás poco halagadores cuando las cámaras de televisión mostraron al presidente Bill Clinton profundamente dormido durante la sesión del Consejo de Seguridad el pasado jueves y los constantes cabeceos del presidente ruso Vladimir Putin, y el chino Jiang Zemin.
Tanto el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, como su homólogo uruguayo, Jorge Batlle, sacaron a relucir el tema de Colombia. Pero mientras Chávez denunciaba al Plan Colombia reiterando que "no es mandando helicópteros como van a lograr la paz en Colombia", Batlle planteó a Clinton la constructiva idea de facilitar la atribución "inmediata" a Colombia de beneficios comerciales similares a los que recibe México en el marco del Tratado de Libre Comercio.
En su discurso principal, Batlle también reclamó a los países desarrollados una verdadera apertura comercial, criticando duramente al proteccionismo y al mantenimiento de barreras comerciales para proteger sectores particulares de sus economías.
"La libertad de comercio de la que tanto se habla y que tan poco se practica, es hoy más necesaria que nunca, en un planeta que la mundialización ha empequeñecido y ha hecho interdependiente", agregó.
A lo que un diplomático brasileño murmuró a este corresponsal: "que se lo diga a los Estados Unidos que son los que más hablan de abrir el mercado y los que menos lo cumplen cuando tratamos de exportarle nuestros productos".
El presidente de Colombia, Andrés Pastrana, que eludió un enfrentamiento directo con Chávez, sin embargo dejó la respuesta en manos de su canciller, Guillermo Fernández de Soto.
"Una vez más," apuntaló, "me sorprende que el presidente Chávez opine de asuntos internos de Colombia. Habría que recordarle que es mejor mirar la viga en el ojo propio, y no la paja en el ojo ajeno. Chávez debería arreglar primero los problemas de su casa, que son muy grandes".


fecha edicion
old id
48868
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América