Colombia pasó ayer de la desilusión a esperanza, tras la liberación del vicepresidente Hernán Mejía Campuzano, que llevó al Comité Organizador de la Copa América, a pedir mañana una reunión extraordinaria a la Confederación Suramericana de Fútbol, para que revise la decisión de quitarle la sede a este país.
Tras conocer la determinación de la CSF de que la Copa América no se dispute en Colombia, un sentimiento de amargura y bronca se apoderó de todos los aficionados del fútbol de este país entre ellos el propio presidente Andrés Pastrana, quien aseguró que "Quitarle la Copa a Colombia es el peor atentado que nos pueden hacer".
"Tengo que manifestarles mi total rechazo en nombre de los colombianos que vemos en la misma no sólo una decisión muy injusta con nuestro país, sino una bofetada a nuestra hospitalidad, dignidad y a nuestros esfuerzos por impedir que el obrar de unos pocos y un hecho aislado a la realización del evento empujaran a la Confederación a tomar esta lamentable y, sin duda, equivocada decisión", dijo.
Pastrana se refirió así al secuestro de Mejía Campuzano, quien fue liberado ayer, y del que dijo que "Tratar de ligar el secuestro o la liberación del dirigente Hernán Mejía a la realización o no del evento en nuestro país no puede ser visto por nosotros como algo distinto a un abierto rechazo a nuestros esfuerzos e interés por hacer esta fiesta del fútbol".
El presidente de la Federación de Fútbol, Alvaro Fina, confirmó que el próximo sábado habrá un Comité Extraordinario de la Confederación Suramericana de Fútbol en Buenos Aires, en donde la delegación colombiana pondrá todos sus esfuerzos para que le devuelvan la Copa América a este país. Brasil se perfila como sede de la Copa. De no lograr regresar la organización de la Copa a Colombia, el país tendrá grandes pérdidas económicas cercanas a los 30 millones de dólares.
Pero el mayor daño lo sentirían, en carne propia, los pequeños productores locales, que no saben de balances, pero que, con escaso capital, preparaban banderines, camisetas o gorras con los colores de la bandera colombiana.
Las inversiones en estadios, en planes de seguridad, en la movilización y hospedaje de delegaciones, en derechos de transmisiones, en fin, en todo lo que se mueve en torno a un certamen deportivo, en algunos casos quedarán ahí, pero en otros simplemente fue como si nunca hubieran existido.