Los cimientos del estadio Agustín “Muquita” Sánchez se estremecieron ante los 2 mil 500 fanáticos del San Francisco, que acudieron para presenciar con éxito el juego inaugural de la Concachampions.
Las graderías teñidas de rojo por los fanáticos saltaron una y otra vez de emoción cuando anotaron el primer gol.
Posteriormente, y ante un juego monótono por la no capitalización de las opciones para marcar, la fanaticada volvió a estallar de júbilo cuando Temistocles Pérez por fin fusiló las redes trinitarias.
Los recipientes desechables y sus líquidos fueron expulsados al aire cuando apareció la estruendorosa voz del gol, mientras una cómplice llovizna rociaba el “monasterio”, en señal de gran bendición.