Me dirijo a ustedes, en su carácter de cronistas deportivos, con el fin de expresarles una inquietud que tengo desde hace algunos años, y es la de la presencia de murgas y de otros generadores de bulla en partidos del campeonato de béisbol.
Presencié en el Estadio Nacional Rod Carew el partido entre Herrera y Los Santos y quedé sin ganas de regresar debido al escándalo que generaban dos murgas que se dedicaban a tocar durante el desarrollo del partido, descansando entre episodios. El año pasado, observé (sufrí más bien) en un partido, en adición a una murga, a una discoteca móvil.
Me pregunto: ¿qué tiene que ver la música de una murga o el de una discoteca móvil con el béisbol, que es el verdadero y único espectáculo que se busca al asistir a nuestros estadios? Y me respondo: ¡nada!
Sonará iluso esto, pero lo ideal sería que la Fedebeis regule este tema y tome las medidas pertinentes para que estos bulleros no “actúen” durante el desarrollo de los partidos. ¿Dónde está la supuesta autoridad de los árbitros, que son los que deben poner orden en los partidos? ¿Será que estas agrupaciones son patrocinadas por la misma Fedebeis?
En nuestro país debemos imitar en este asunto a la mejor organización beisbolística del mundo, que es la Major League Baseball. En un partido de Grandes Ligas se escucha música en los altavoces del estadio (no hay orquestas o conjuntos en las gradas), entre episodios, nunca cuando se desarrolla el partido (así se hizo durante la efímera liga profesional que se jugó en Panamá hace pocos años). Por qué dañar un espectáculo tan hermoso con estos ruidos totalmente innecesarios (los aficionados vamos al estadio a disfrutar del béisbol, no a escuchar música o a bailar).
El propósito de este correo es el de transmitirles esta inquietud a ustedes, que son comunicadores sociales con especialización en el deporte.