«Te está llevando un río de estrellas, abuelo» Trini Endara
Me sorprendió la exclamación de mi nieta Trini (5 años). Pronto leeremos juntos. Para ella una tajada de mi ensayo:
«Como dictado por una voz que baja de las nubes, o que sale debajo de la mesa, o por un duende que grita en mi cabeza, escribo: Apenas dejamos de correr tras la complacencia de nuestros apetitos animales (instintos y vicios) y nos detenemos a reflexionar sobre la vida y la muerte del hombre, comenzamos a ejercitar el entendimiento, nuestro entendimiento, y terminamos ensayando un ensayo. El cuerpo habla con orgasmos, fiebres y estornudos; el espíritu, con el pensamiento, que es palabra sublimada.
»El ensayo puede nacer de una mirada. Como sucedió a Ortega y Gasset al contemplar dos grandes fotografías en su casa. Una, la del cuadro “El hombre con la mano en el pecho”, del Greco, colocada frente a un retrato del cuadro de “La Gioconda”. La confrontación de esas dos obras de arte colgadas en paredes opuestas, le dio cuerda al privilegiado cerebro de don José y nació, para placer de sus lectores, Meditación del marco. Sin aportar pruebas, sin numeritos salidos de formales experimentos, sin reforzar su opinión con la de los doctores de la semántica ni de las artes, Ortega y Gasset nos convence de que el marco no es vestido ni adorno del cuadro, sino el límite de su realidad, la frontera que lo separa de la otra realidad. Dice: “Un cuadro sin marco tiene el aire de un hombre expoliado y desnudo. Su contenido parece derramarse por los cuatro lados del lienzo y deshacerse en la atmósfera. Viceversa, el marco postula constantemente un cuadro para su interior, hasta el punto de que, cuando le falta, tiende a convertir en cuadro cuanto se ve a su través. (…) No es el marco el traje del cuadro, porque el traje tapa el cuerpo, y el marco, por el contrario, ostenta el cuadro...”
Por ensayos como éste, nacidos de la contemplación meditativa, considero que cualquier ensayo similar podrá catalogarse de filosófico y, por la elegancia del estilo y lenguaje, será también literario. Es ensayo porque ensaya una realidad íntima y personal utilizando una cocción de pensamientos y la solemne estrategia de dar vueltas sobre una idea, insisto, ¿habrá algo más filosófico? Y qué de la expresión: “Un cuadro sin marco tiene el aire de un hombre expoliado y desnudo”. ¿Literatura? Sí, señor.»
(De “Una mente vagabunda”)