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Las trampas de las palabras

Los escritores estamos en pie de paz. Cuesta leer la frase anterior sin pensar en la guerra, en la violencia. Esto es así, porque el lenguaje es


Yolanda Hackshaw (EscritORA) / EscritORA

Los escritores estamos en pie de paz. Cuesta leer la frase anterior sin pensar en la guerra, en la violencia. Esto es así, porque el lenguaje es un instrumento cultural que es capaz, a veces sin proponérselo, de herir y convertirse, equivocadamente, en un vector de maldad, de rencor, de ignominia y desprecio. Mi idea inicial procura que razonemos sobre lo que decimos y cómo lo decimos. De esta reflexión depende que le bajemos los decibeles al ruido perverso de la violencia que amenaza con destruirnos.

El mundo se enfrenta a la trilogía del malhablado: bestia, dragón y falso profeta de gritos, insultos y maledicencia. Lo triste de esta situación es que procede de seres de los cuales estamos esperando un comportamiento más humano, ecuánime y noble. Pero, ¿qué podemos esperar si ciertos padres y madres de familias ofenden sin reparos a los seres nacidos de sus entrañas; si algunos profesores pierden su integridad y sentido del decoro y también gritan, lastiman y abusan físicamente; si los jefes, personas que nos guían, practican el menoscabo, el agravio y el irrespeto? ¿Cómo no va a crecer la violencia como hongos si las fundamentales instituciones educativas están enfermas de sevicia?

¿La cárcel será capaz de corregir este mal? Creo que no. Hay que realizar una depuración en todos estos estamentos: padre o educador que ofenden y maltratan sistemáticamente, deben darles una baja civil, es decir, quitarles sus derechos; pues no han sabido ser instrumentos de paz y bondad; no han hecho de su labor una herramienta para alcanzar la armonía en nuestra sociedad.

Los escritores creemos en la paz, en la palabra amable, en la palabra justa, en la palabra conciliadora; sin embargo, aquellos que las utilizan para lastimar las trasforman en fieras rabiosas, capaces de destruir un planeta como actualmente nos sucede. Muchos, en honor a la libertad de expresión, cometen crueles infamias contra la honra de otros; no obstante, cuando alguien se atreve a realizar una descripción, objetiva y verdadera, de una situación que les atañe, enseguida saltan como hienas y babean su crueldad.

Recuerda: tu palabra y tu actitud son las únicas capaces de bajar o eliminar los niveles de violencia, sé sabio o sabia y no ofendas, no maltrates, no hieras; porque «Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra» (Mt 5,4).


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840432
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América