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Lo que la gente de la ciudad ya no ve: los ríos y su ambiente


La ciudad de Panamá cuenta con varios ríos pequeños y una maraña de pequeñas quebradas, casi todas sin mucho agua durante la estación seca. Tal número de ríos obedece, en parte a las numerosas colinas que rodeaban el perímetro urbano y suburbano de principios del siglo XX. Este conjunto de ríos debió ser una de las atracciones de la gente cuando quería escapar al tedio de la ciudad. Tanto el Río Abajo, como el Tapia, el Matías Hernández, el Juan Díaz y el Tocúmen debieron cumplir esas funciones, especialmente para una juventud que buscaba algo de aventuras en esos espacios no tan lejanos y desde los cuales se podía volver a casa en el lapso de pocas horas. Recuerdo una vieja foto de Belisario Porras a caballo acompañado de su séquito de funcionarios recorriendo el área de Tocúmen, en un aparente intento de construir caminos en dirección a Chepo, cuando todavía la comunicación con estos sitios se hacía parcialmente en botes de vela o a caballos. La foto, probablemente de Endara, debió ser tomada entre 1912 y 1920, durante las dos primeras gestiones de la administración de Porras. Otra foto tomada durante la construcción del Canal, nos muestra a un grupo de mujeres negras en faena de lavar ropa en el río Curundú, probablemente un sitio de habitación de grupos negros hispano hablantes desde mucho antes de la construcción del canal francés, de donde puede provenir aquella tonada que mi suegra recordara:
"Maria Cachito dónde estabas tú? Lavando ropa en el Curundú: María Cachito, tu mama te va" pegá. - Por qué, por qué? Porque no sabes bailá…" La tonada, probablemente de un tamborito, alude a una vieja ocupación del Curundú por gente negra. Esas habitaciones debieron desaparecer parcialmente cuando se construyó el canal, pero restos de ella debieron ser las barriadas todavía existentes del Curundú actual, subsumida como barrios marginales de la ciudad.
El crecimiento de la ciudad en dirección este se intensificó después de la década de 1960, incorporando las barriadas de Río Abajo y Juan Díaz, para entonces suburbios donde las clases populares y clases medias en ascenso empezaban a establecerse. El río Juan Díaz era el balneario de las clases populares, donde llegamos a bañarnos, todavía en las décadas de 1950 y 1960.
Uno de estos cursos es el Río Abajo, llamado también durante la colonia río del Gallinero. Como los otros, no es caudaloso, debido a la corta distancia de su curso y a su cuenca también limitada. Durante las lluvias intensas, como ahora, puede acumular caudales extraordinarios hasta desbordarse, como se ha constatado recientemente.
Con el crecimiento acelerado y desordenado de la ciudad, su curso es cruzado por lo menos siete veces por la red vial urbana, calles o avenidas, como la Ricardo J. Alfaro (Tumba Muerto), la vía Simón Bolivar o transístmica, la Fernández de Córdoba, la Avenida de la Pulida, la Vía España, la 6ª Sur o Sta Elena y la Cincuentenario, en el área de los monumentos históricos de Panamá La Vieja. Excepto el antiguo puente colonial de El Rey, los demás cruces son modernos puentes que siguen especificaciones internacionales, con amplias luces, varandas, etc. El más viejo de estos puentes corresponde a la década de 1940, y el más moderno corresponde a la vía Santa Elena con Parque Lefevre, a principios de la década de 1970.
En su curso, se multiplican las estructuras residenciales, comerciales e industriales, que ha contribuido a la contaminación y la concentración de desperdicios sólidos que afectan el flujo normal de sus aguas, reduciendo su fauna fluvial y terrestre y los tipos de vegetación. Todavía es posible ver chogorros y paribibas, y otras especies que sirven a un ocasional pescador improvisado que tal vez desconocen su contaminación. Es igualmente refugio de garzas y otras aves que recorren los ríos y quebradas.
Durante la estación seca, las aguas del Río Abajo tienen apenas pocos centímetros sobre el lecho, fluyendo con extrema lentitud, conformando fondos legamosos de verde oscuro, a menos que se encuentre represada por los numerosos restos de desechos como colchones, llantas, plástica y orgánica. Durante la estación lluviosa los aguaceros elevan su nivel hasta dos y tres metros, o más, inundando periódicamente algunas áreas como Río Abajo y Parque Lefevre.
A pesar de que en los últimos años, los gobiernos han realizado trabajos de limpieza y ampliación de los cauces, no ha sido suficiente. A ello se ha agregado también un aumento de la escorrentía debido a la creciente cementación de los suelos que servían de drenaje y filtro natural, aumentando el riesgo de inundación.
Un punto de atención es el caso del Puente del Rey, en el área de los monumentos históricos de Panamá La Vieja, sometido periódicamente a la presión del caudal. Aquí se produce un cuello de botella, debido a la estructura de mampostería y luz en forma de arco, insuficiente al parecer para dar paso a la masa de agua en crecida. Después de tres siglos y medio, su permanencia pudiera considerarse como un triunfo de la ingeniería de la época. Actualmente, para algunos, este cuello de botella es insoluble, dada la condición de monumento histórico del puente. Hay quienes proponen derribarlo. Una tercera solución pudiera ser la ampliación del curso previo y la colocación de gaviones o refuerzos en el área cerca de la base del puente.
En fin, el antiguo río del Gallinero parece amenazado de muerte desde un punto de vista ecológico, si la tendencia a urbanizar e industrializar sus orillas, va acompañada del drenaje artificial de todas las aguas contaminadas que se canalizan hacia su curso. Su manera de vengarse de la imprevisión son los desbordes violentos y nauseabundos.
Asimismo, el Puente del Rey puede mantenerse como símbolo de la historia de un país que la respeta o símbolo de la misma negligencia que permitió la caída del Arco Chato con un tratamiento de igual respeto a la historia como a la naturaleza y que plantee, junto a los otros ríos de la ciudad un reto a la alcaldía para su saneamiento, como parte de ese prometido proyecto de embellecimiento de la ciudad.
También se planea instaurar un museo en honor al doctor Rafael Estévez y a Marcos Robles, donde se exhibirá equipo antiguo que fue utilizado para la medicina hace más de 70 años.
Además se proyecta la posible creación de un Centro Nacional de Capacitación con hospedaje que será de autogestión, dijo De León.
Agregó que estas propuestas se están estudiando, ya que hay que darle uso a estas instalaciones, donde todavía funciona la morgue y lavandería para el nuevo hospital de Aguadulce.
De León informó que existe ya un centro de capacitación para los que van a trabajar en manipulación de alimentos.
Reciben las charlas en dos salones con capacidad para 105 personas.
Según De León, se gasta mucho dinero cuando hay cursos de capacitación porque hay que pagar hospedaje en hoteles o locales privados.
Sostuvo que con la creación del Centro Nacional de Capacitación disminuirían estos gastos.
Actualmente se están limpiando y acondicionando salas del antiguo hospital para este centro de capacitación, en donde ya se han realizado seminarios.
De León añadió que también la Universidad de Panamá, extensión de Aguadulce, había solicitado parte de las instalaciones para realizar prácticas y experimentos, sin embargo, esa solicitud fue hecha en el gobierno pasado.
Según De León, hay una serie de instalaciones que brindan aún ese servicio, como la Jefatura distrital de salud de Aguadulce, el centro de Promoción de la Salud, el laboratorio y el correo.
El doctor Francisco Navarro, encargado de la Administración del Hospital Marcos Robles y director distrital de Salud de Aguadulce, dijo que en este nosocomio labora la oficina distrital de Salud, que incluye la parte administrativa.
Allí también se ubican los cinco centros de salud de Aguadulce, mientras que lo que era urgencias, ahora es el Centro de Promoción de Aguadulce.


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173094
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América