Perfil
- Nombre: Alessandra Rosas
- Profesión: Restauradora
- Formación: Licenciatura en Bellas Artes con especialización en artes plásticas y visuales. Es especialista en restauración de obras pictóricas sobre lienzo y madera; además está formada para la restauración de madera policromada y restauración de documentos.
Un proceso que requiere vocación
- Quien restaura lleva la responsabilidad de estudiar a cabalidad cada pieza, de manera que sus criterios de intervención se basen no en suposiciones sino en hechos.
Dedicarse a la preservación de un patrimonio para el futuro no es tarea fácil, implica riesgos, responsabilidades, pero también satisfacción cuando se logra el cometido de frenar el desgaste y prolongar su disfrute. Es por eso que este oficio implica analizar, documentar, tratar y dar un cuidado especial a la pieza, apoyado en la investigación y educación. En Panamá no abundan los profesionales de la restauración, de hecho son muy contadas las personas que se dedican a ello. Alessandra Rosas es una de ellas.
Tuvimos la oportunidad de conocer y presenciar el trabajo de esta restauradora que, entre una pregunta y otra, permitió que se documentara este valioso proceso. Ambientada en su taller, Alessandra Rosas cuenta su experiencia en los años que tiene de ejercer la noble faena de detener el deterioro de las piezas y extender su disfrute y longevidad.

¿Qué la motivó a dedicarse a la restauración de obras de arte?
Me motivó, inicialmente, la inclinación que siempre he tenido hacia el arte en sus distintas formas, particularmente las artes plásticas y visuales. De hecho, mi primera carrera universitaria fue una licenciatura en Bellas Artes con especialización en Artes Plásticas y Visuales. En el último semestre de la carrera, hicimos un esbozo de lo que es la restauración de obras pictóricas, escultóricas e incluso artesanales… pero un semestre es poquísimo. La curiosidad nació ahí y cuando se presentó la oportunidad de profundizar, no dudé ni un instante que esa era la profesión que quería para mí. Estudié restauración de obras pictóricas sobre lienzo y madera, luego restauración de madera policromada y, por último, restauración de documentos, es decir, de papel.

Es una carrera apasionante, logras estar en contacto con piezas hermosísimas y sentir que eres parte de su estabilización y de su recuperación no tiene precio.
¿De qué tipo de obras de arte estamos hablando?

En cuanto a las piezas que llegan a mi taller, hablamos principalmente de obras pictóricas, sin embargo, cuando existe en el mercado la necesidad de restaurar piezas de diferentes tipos, es difícil ceñirte solo a eso. En un inicio prefería solo aceptar obras pictóricas sobre lienzo, luego me fue imposible dejar de recibir obras pictóricas sobre madera y a los más allegados les recibí muchas veces objetos de valor sentimental en cerámica, terracota, porcelana, vidrio, etc. y, eventualmente, empecé a recibirlos también de clientes que, como te digo, se presentan con necesidades de todo tipo. Esto implica modificaciones en el taller para poder recibirlas, trabajarlas y almacenarlas, también materiales y herramientas diferentes para cada caso. Recientemente inicié una nueva fase para mi taller e implementé una sección para la restauración de obras de arte en papel: serigrafías, grabados, dibujos, etc.
¿Cuál es la importancia o por qué se debe restaurar una obra de arte?

Es de gran importancia para alargar la vida de las obras, sobre todo en un clima como el nuestro en Panamá. Restaurar es preservar para el futuro. Ahora bien, la restauración debe siempre ser el último paso a seguir, quiero decir, se debe conservar antes que restaurar, esa es la utopía. Los tratamientos de conservación preventiva, curativa y -finalmente- de restauración permiten recuperar tanto estética como físicamente, los componentes de un bien patrimonial. Estéticamente se recupera una correcta lectura o comprensión de una obra, tal como su autor lo quiso, ya sea recobrando sus colores originales como cuando eliminas una capa oscurecida y sucia de barniz y liberas hermosos colores brillantes debajo; bien reintegrando el soporte perdido, como cuando tienes una pieza de barro o de porcelana incompleta y estas “lagunas” de soporte dificultan la correcta visualización de la pieza; o simplemente cuando, en presencia de una restauración previa que con el paso de los años ya es muy notoria, o que ha sido exagerada en tamaño o no ha sido bien lograda, se remueven y sustituyen tales intervenciones con los materiales y técnicas de mayor compatibilidad con la obra. Todo esto logra que quien admire la obra pueda concentrarse en la belleza estética, en la composición, en el mensaje que deseaba transmitir el autor, sin distracción.
Físicamente, con la restauración se busca estabilizar la materia que constituye la pieza y que está en pleno deterioro, frenando el mismo y devolviéndole un estado seguro, que le permita continuar en el tiempo. Esta estabilidad física y química prevalece, prima antes que la parte estética. Ahora cabe hacer constar que restaurar no es renovar ni es devolver la apariencia de “recién hecho” a una obra que no sea así, restaurar es traerla a una estabilidad, detener el deterioro.

¿Quién restaura una obra?
Pues un restaurador, preferiblemente. El restaurador no es un científico per sé, sin embargo, su trabajo se rige por normas y regulaciones internacionales, con la utilización de materiales de probada reversibilidad, y asegurar siempre la menor intervención en la obra. Suele pensarse que el restaurador es casi un artista, que se trabaja por inspiración; nada más alejado de la realidad. La restauración conlleva muchas responsabilidades para con la obra, sus propietarios y autores. Quien restaura lleva la responsabilidad de estudiar a cabalidad cada pieza, de manera que sus criterios de intervención se basen no en suposiciones, sino en hechos. Entra en juego el análisis y reconocimiento de la materia, el cómo se comporta esta químicamente ante las intervenciones; el manejo de las afecciones que sufren los componentes orgánicos de la materia, es decir, la biología de la obra; el comportamiento óptico tanto de los pigmentos y los barnices originales como de los retoques nuevos ante la luz, sin dejar de lado el reconocimiento histórico, su ubicación en el contexto histórico-cultural, entre tantos otros detalles que considerar.

Sabiendo esto, los procedimientos restaurativos deben ser límpidos y justificables en una afección de la obra, no se restaura por restaurar, pues toda intervención puede significar riesgos. Por eso se dice que la mejor restauración es la que no se tiene que hacer.
¿Qué siente al finalizar un trabajo?

Es un alivio. Personalmente, encuentro mucha satisfacción en los procesos restaurativos, me encanta restaurar y me apasiona, pero finalizar con una pieza es un gran alivio. Llego a ser muy perfeccionista y me cuesta decidir que ya he terminado con una pieza… muchas veces el proceso es largo y a medida que transcurren los días, mi memoria olvida las imágenes del estado inicial de las obras. El constante registro fotográfico me ayuda a ver con facilidad los cambios y teniendo frente a mí el antes y después termino sintiéndome alentada para seguir adelante con la próxima restauración.
¿Pierde o gana valor una obra restaurada?

Bueno, eso no es tan sencillo… Una obra que no ha necesitado ser restaurada, es decir, una obra bien conservada tiene mucho más valor. Sin embargo, vale más una obra bien restaurada que una en evidente deterioro. De eso no hay duda y siempre por las razones expuestas anteriormente: se reduce el tiempo de vida, muchas veces se dificulta su comprensión, se distorsionan los colores originales, etc.

El minucioso proceso de la restauración
Aunque no se pretende hacer una obra nueva, lo ideal es que se asemeje lo más posible al original.

1.Se inspecciona visualmente la obra. La vista y las manos son recursos fundamentales. También se apoya en fotografías macro, microscopios de mano y de luz ultravioleta. Pero sobre todo, de tu vista y tus manos.
2.Es estabilizar, que significa fijar las partes de la obra que peligran.

3.Una vez fijada la capa pictórica se solucionan los problemas de soporte. Adhiriendo partes, reforzando roturas, reintegrando las lagunas o pérdidas del soporte. Se traman los hilos, se refuerza, agregan bordes, reentela, etc.
4.Desde la parte trasera se realizan tratamientos como la consolidación de la capa pictórica o de la base de preparación, se eliminan las deformaciones, etc.

5. Una vez que el soporte está en buen estado, se desvela la pintura y se mejora la parte estética de la misma.
6. Desde la capa pictórica se le realiza limpieza superficial o la limpieza química y remoción de agentes añadidos -como las restauraciones previas. Se adhiere la capa pictórica o las áreas de ella que estén desprendidas, etc.
7. Se rellenan los espacios vacíos producto de la caída del color, por rotura en el soporte etc. Los rellenos se ajustan a los faltantes y se reintegran pictóricamente, limitándose a los faltantes, para no comprometer la originalidad de la obra.
8. Retoques de color de forma ordenada a base de delgadas líneas superpuestas que igualen a los colores y líneas colindantes, de manera distinguible, pero no obvia.
9. Se protege la pintura con una capa de barniz final, cuya función será servir a la película pictórica o de escudo contra el polvo, la grasa, la contaminación, los efectos de la luz, la humedad y muchos otros factores de deterioro.