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McGwire, Sosa y Bonds han hecho mucho para que Maris pase al olvido


Walter Johnson tuvo en un momento la marca de ponches en su carrera. Everett Scott ostentaba el récord de la mayor cantidad de partidos jugados de manera consecutiva. Honus Wagner tenía el récord de ¿hits? de una carrera. Ya no tienen esas marcas, por supuesto. No sólo sus récord fueron rotos, sino que esas marcas subsecuentes también lo fueron. Nolan Ryan sobrepasó a Johnson en la lista de ponches en 1983 y ahora hay siete lanzadores por encima del "Gran Tren".
Lou Gehrig rompió el récord de Scott en 1933 y Cal Ripken Jr. rompió el récord de Gehrig en 1995. Ty Cobb rompió el récord de ¿hits? de Wagner en 1923 y Pete Rose sobrepasó a Cobb seis décadas después. Entretanto, Barry Bonds bateó sus cuadrangulares número 61,62 y 63 el pasado domingo, moviéndose un paso hacia adelante al récord de Mark McGwire a la vez dejando en un lugar más remoto de la historia el antiguo récord de Roger Maris de 61 cuadrangulares.
Tal vez ningún atleta estuvo identificado exclusivamente con un número como Maris lo estuvo con el 61. Gehrig fue reconocido por su récord (2,130) pero también era reconocido por la enfermedad que lleva su nombre al igual que por su brillante carrera. El récord de Joe DiMaggio de una racha de 56 juegos con hits no es por lo único que se le recuerda, tampoco se recuerda a Ted Williams sólo por su promedio de .406 en 1941.
Pero por 37 años si se pensaba en un récord de cuadrangulares sólo se pensaba en Maris y si se pensaba en Maris sólo se pensaba en el récord de cuadrangulares
El número 61 está tan asociado a Maris que no sólo fue el título de la excelente película de Billy Crystal sobre Maris, sino que está inscrito en la lápida de su tumba. El número (y el infame asterisco que siempre lo acompaño) pudo haberle costado a Maris una gran cantidad de angustia a través de su vida, pero también mantuvo vivo su legado en el béisbol por años después de haber culminado su carrera y aún después de su muerte.
Sin el 61, sólo habría sido reconocido por haber sido un buen jugador por un corto período de tiempo. A causa del número se convirtió en un nombre común dentro de la casa. O por lo menos lo ha sido hasta el momento. Con cada pelota que cae en McCovey Cove, el número 61 se convierte en algo menos relevante y el legado de Maris disminuye.
No habían multitudes de la prensa nacional siguiendo a Bonds a cada juego cuando se acercaba al jonrón número 61, como la habrá cuando se acerque a los 70. No hay tablas de cuadrangulares entre Bonds y Maris. Los hijos de Maris no asisten a los juegos de los Gigantes.
Ciertamente, Maris es la noticia de ayer. Esa es la forma de ser de los récords y del deporte, cada uno más precedero que los ¿Dodger Dogs?. El cliché nos indica que los récords se hicieron para romperse y la historia nos dice que una vez esas marcas se rompen, quienes las ostentaban usualmente son olvidados.
Los fanáticos de hoy saben quien fue Roger Maris y agradecen sus logros. Los fanáticos del futuro notarán muy poco su récord y se fijarán mucho menos en él. No está en el Salón de la Fama (ni debería estarlo). McGwire ostenta el récord de cuadrangulares en una temporada que le perteneció a Maris por 37 años. Bonds ostenta el récord de zurdo, que tuvo Maris por 40 años. Cuando un bateador de la Liga Americana sobrepase el total de Maris (como ocurrirá alguna temporada) su nombre desaparecerá de los libros de récords por completo.
A menos que Crystal saque varias secuelas de la película ¿61*?, en el tiempo Roger Maris será tan poco recordado como Gavvy Cravath. En caso de que no reconozcan este nombre, fue el hombre que tenía el récord de cuadrangulares antes de Babe Ruth.


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23221
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América