El Arsenal endosó al Real Madrid la primera derrota de pretemporada (1-0) y fue demasiado rival para un conjunto madridista agotado del esfuerzo realizado en el encuentro previo ante el Hamburgo, en un partido que dejó la preocupante lesión del holandés Wesley Sneijder.
Hay partidos que nunca pueden considerarse amistosos pese a que lleguen en el mes de agosto.
Para dos equipos de la historia de Arsenal y Real Madrid, cualquier enfrentamiento en un templo del fútbol como el Emirates Stadium se juega al máximo.
Se pelea cada balón, ante una afición que llena las gradas y que saborea el buen fútbol, agradecida ante cualquier gesto de calidad. Siempre ha sido tildado de viril el fútbol inglés. Hay conjuntos como el Arsenal, que además de ritmo vertiginoso apuestan por una buena dosis de calidad. Faltaba su líder, Cesc Fábregas, pero el duelo con el Real Madrid era un buen ensayo para Arsene Wenger. A diez días de jugarse su futuro en Liga de Campeones (ante el Twente holandés), el Arsenal salió con todo menos Cesc, el checo Tomas Rosicky y el marfileño Kolo Touré.
Schuster había introducido al trío holandés, Robben, Sneijder y Van Nistelrooy, buscando frescura y la desgracia se cebó con Sneijder en el minuto 60. Una entrada del francés Abou Diaby, en la lucha por un balón dividido, provocó que pisase mal y se dañase la rodilla izquierda. Los gestos de dolor y las caras de sus compañeros dejaron entrever desde el momento en que ocurrió que era una lesión grave.