Los nadadores iraquíes, que se preparan para el campeonato mundial en julio en Barcelona, se ven obligados a entrenarse en el río Tigris porque las tropas estadounidenses confiscaron la única piscina olímpica de Bagdad para entretenimiento de sus soldados.
El ahora encargado de la piscina de Al-Qadissiya, el sargento Billy Thierry, explica que sólo cumple órdenes. “Todo lo que sé es que el equipo olímpico iraquí tiene derecho a utilizarla de 6 a 8 de la mañana y el resto del día es para nosotros”.
“Es totalmente injusto porque la mayor parte de los 12 miembros del equipo nacional son estudiantes universitarios. Además, para un entrenamiento correcto necesitamos dos sesiones de tres horas, en la mañana y en la tarde”, dice por su lado a la AFP el entrenador de los iraquíes, Faysal Sayed Jafar.
Luego de la guerra, en medio de los pillajes y el caos, los miembros del equipo de natación fueron a la piscina para salvar lo que podían, relata el técnico. “Luego de tres semanas de limpieza y reparaciones con nuestros propios medios, vinieron los norteamericanos, nos echaron y nos dijeron que nunca más volviéramos”, recuerda.
“Todos los esfuerzos de los responsables iraquíes ante los estadounidenses para recuperar la piscina fueron en vano, agrega. Por eso estamos obligados a entrenarnos en el Tigris a pesar de que las condiciones no son las apropiadas”.
La piscina cubierta de Al-Qadissiya, situada en el este de Bagdad, fue construida en 1983 por una compañía surcoreana y es la única que cumple con las normas deportivas internacionales. Además, es la sede de la federación nacional de natación.
“El entrenamiento en el río es totalmente diferente al de una piscina no hay paredes para practicar las vueltas y el agua es muy agitada” indicó.