El G-8 (siete países más industrializados y Rusia) seguirá negociando hoy, martes, un proyecto de re-solución para la paz en Kosovo, cuyo consenso se retrasó ayer por "problemas extraordinarios".
Una de las causas de la suspensión de las conversaciones hasta hoy es que el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Igor Ivanov, no pudo consultar con el pre-sidente ruso, Boris Yeltsin, sobre algunos puntos en la mesa, informó el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Joschka Fischer.
Este imprevisto retrasará el envío del proyecto de resolución a Nueva York, donde también se ha pospuesto la reunión prevista para ayer del Consejo de Seguridad de la ONU, a petición formal de EEUU, para "mantener ciertas consultas".
El proyecto de resolución debería servir, entre otras cosas, para legitimar una presencia internacional en Kosovo que ponga fin a los actuales bombardeos de la OTAN y permita el regreso de los refugiados de forma segura y sin problemas.
Precisamente, los bombardeos aliados es uno de esos "problemas extraordinarios" que ayer obsta-culizaron el consenso, ya que Moscú insiste en la necesidad de que cesen los ataques contra Yugoslavia, pero aun así se han realizado "avances importantes" durante las últimas horas.
Así lo afirmó Rubin, quien también reveló que las discusiones se prolongarán más de lo previsto debido a las divergencias que existen entre los mi-nistros del G-8 acerca de la composición y mando de la fuerza militar que será desplegada en Kosovo.
Este sería uno de los cinco párrafos que se encuentran en este momento en fase de discusión, de los 33 en total de los que consta el proyecto de resolución
( de cinco páginas) que está actualmente sobre la mesa, según señaló un portavoz de la diplomacia alemana.
No sólo los jefes de las diplomacias del Grupo de los Ocho están empleándose a fondo para tratar de desatascar el acuerdo, también la vía telefónica se ha utilizado hoy profusamente con el mismo objetivo. El presidente de EU, Bill Clinton, telefoneó ayer a su homólogo ruso, Boris Yeltsin, y al primer ministro británico, Tony Blair, para acelerar el trabajo diplomático para desbloquear las conversaciones que mantienen en Macedonia representantes de la OTAN y Yugoslavia.
En este punto, ayer se produjo una cierta confusión al quedar suspendidas sin acuerdo la pasada madrugada las conversaciones entre el comandante de la futura Fuerza de Paz de la OTAN en Kosovo (KFOR), Michael Jackson, y el jefe adjunto del Mando Supremo yugoslavo, Svetozar Marjanovic, en Kumanovo (Macedonia).
Unas conversaciones que quedaron reducidas a "contactos" entre un general estadounidense, un almirante finlandés y representantes yugoslavos en un puesto fronterizo macedonio-yugoslavo, según la radio de Macedonia.
Mientras, en Belgrado, el ministro yugoslavo sin cartera, Goran Matic, convocó una rueda de prensa "para desmentir que las negociaciones se hayan inte- rrumpido" y subrayó que "transcurren en la dirección positiva", además, pidió a la ONU que agilice los trámites para la aprobación de la resolución sobre Kosovo.
En Bruselas, el portavoz civil de la OTAN, Jamie Shea, calificó esos contactos para fijar el calendario y rutas de retirada de las fuerzas serbias de Kosovo de "bajo nivel".
La OTAN, que ayer continuó sus bombardeos contra Serbia, acusa a las autoridades de Belgrado de intentar dilatar la entrada de la fuerza internacional de paz y de regatear la permanencia en Kosovo de 15.000 efectivos.
A la espera del acuerdo entre los ministros del G-8 y de la aprobación de la resolución que éstos logren consensuar, la OTAN estudia todos los preparativos para el despliegue de su fuerza de paz para Kosovo (KFOR).
El plan para el despliegue de KFOR, que estará integrada por unos 48.000 soldados, fue acordado por el Comité Militar de la OTAN y ahora está sometido a la aprobación de las capitales aliadas, señalaron fuentes de la Alianza.
También los organismos humanitarios, como el Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF) se preparan para el momento del regreso de los refugiados a sus hogares.
UNICEF tiene a punto un plan para dar cobertura a los albano-kosovares deportados, sobre todo a los niños, en el retorno a sus hogares, que entrará en funcionamiento tres días después de que se inicie el movimiento de los refugiados.
Estos últimos son la máxima preocupación del líder moderado albano-kosovar, Ibrahim Rugova, quien ayer en Madrid, aseguró que su "obsesión" es el retorno de los refugiados a Kosovo para poder recons- truir política y económicamente esa provincia serbia.