Un íntimo me llama desde Penonomé para darme una buena nueva. El sonido ambiente me hace presumir que está en un lugar donde hay mucha gente. Mi intuición no falló, porque al rato me confirma que está en la agencia de apuestas Dos Continentes.
Es sábado, acaba de pasar la primera carrera, y por suerte acierto el primer ganador de la tarde. A esa hora, 2:20 aproximadamente, del otro lado del teléfono mi amigo me relata que en una pared de la agencia de apuestas en cuestión hay pegada una copia de la página hípica de Panamá América . Mi corazón se hincha, siempre es grato saber que alguien le pone atención a lo que uno hace y si es tan lejos, mejor.
Pero, la novedad de la llamada no era que los hípicos estuvieran leyendo los pronósticos. Lo que había impactado a mi amigo es que el propietario del centro de apuestas se había hecho de tres pares de anteojos cuyos aros (sin las patitas) estaban amarradas y guindaban de unos clavos junto a la "tablita" de los pronósticos para que quienes tuvieran tropiezos con las "letritas" las vieran bien.
Quien me cuenta esta historia no es cualquier persona. Se trata de mi mejor amigo, que además es -después de mí- el segundo protagonista de esa tabla que desde hace años elaboro los días de carreras.
Ese es el famoso "Che". Sí, en verdad nació en Argentina y es un hípico hasta los tuétanos. Un día decidí que cuando advertía en el programa un caballo que me parecía que podía sorprender y pagar bien le pondría "Dato del Che", como homenaje a él -que igual que yo- es amante de los golpes y los buenos dividendos.
Y la verdad es que nos ha ido bien. Expresiones como "Dato del Che", "Me tiene limpio", "Dato de establo", "Huele a golpe" o "Por inercia", entre otros, ya son parte del ideario de la afición, gracias a la tabla que construyo con tanto esmero.
En mi cuenta de Twitter (@egbertlewis) recibí hace poco un reporte de un seguidor desde Arraiján, quien me indicaba que en la agencia del área observaba a varios hípicos con “mi periódico en la mano”.
Cuando no aparece la tabla, porque estoy de vacaciones o por alguna situación fortuita, a primeras horas de la mañana en la redacción se reciben llamadas hasta de Chiriquí pidiendo que no los desamparemos, porque allá esa es la única guía de la que disponen.
Qué contarles de mis seguidores en Colón como Ricardo Williams y Rigoberto Alexander, con quienes comparto información regularmente vía correo electrónico o del amigo que esta semana me abordó en un comercio de la ciudad para señalarme que "yo no sé de dónde tú sacas esos datos, pero sigue así".
La verdad es que los saco del Programa Oficial, observando el desarrollo de las carreras y, aplicando la malicia, que juega un papel importante en este negocio. El programa lo dice casi todo, solo “hay que leer”.
Lástima que mi amigo el "Che" no pensó en tomar una foto del relato que les he hecho para documentar su testimonio, pero su palabra y la mía son tan confiables como los datos que se publican. Lo que me queda claro es que hay mucha gente después del puente que de alguna manera depende de los "Datos del Che" y que casi deliran cuando ven escrito al lado del nombre de algún caballo mi expresión favorita: ¡A cobrar...!