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Obispo, una calle con historia en La Habana

Es quizás uno de los proyectos emblemáticos de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana. Eusebio Leal Spengler, quien desempeña este cargo, considera que aquí nada tiene sentido si no llega al alma.


El sol recorre las paredes de cemento, granito, madera y piedra de diferentes edificios y empieza a iluminar los grisáceos adoquines de Obispo, estrecha calle que atraviesa La Habana Vieja. Luz María Kelly toma su escoba y levanta el polvo y los desechos de la vía y aceras para acomodarlos en una cajeta y luego depositar esta carga en recipientes que otros se llevarán del lugar.

Así amanece tranquila, apacible y silenciosa esta angosta arteria, que conforme pasan las horas se torna bulliciosa, caliente y transitada por turistas, trabajadores y vecinos, que obligan a la barredora Luz María a esforzarse junto a sus compañeras de la Brigada N.° 1 de Santa.

 

Por varios siglos, Obispo ha sido así de cosmopolita, tanto cuando el obispo, tercera figura en jerarquía en la Colonia, recorría temprano el trecho hacia la catedral; como en los siglos XIX y al comienzo del XX, un centro de negocios donde se estableció el sector financiero y bancario cubano e internacional en edificaciones concebidas por arquitectos italianos, basados en modelos barrocos, clásicos y neoclásicos.

Pero nada de esto está en la mente de la señora Kelly; ella barre un área en forma de T y cuando el sol despunta, le hace brillar más sus largas trenzas doradas, sujetas a un cabello oscuro que le brinda un semblante jovial a esta madre de tres hijos, uno que estudia Derecho, una peluquera y otro formado en la carrera de economía y comercio y que trabaja en unos estacionamientos cercanos.

 

Obispo nace frente al mar, al lado de la plaza que dio inicio a la ciudad de La Habana, delante del hotel Santa Isabel donde se han hospedado artistas, el presidente Carter y el roquero Swing, entre otros, y construido por el conde de Santobenia; pasa junto a un costado del Palacio de los Capitanes Generales -sede del Gobierno durante la colonia - y avanza por varias cuadras en dirección hacia el Parque Central.

Precisamente una cuadra antes de desembocar en este céntrico lugar, se encuentra el bar Floridita, última etapa de lo que fue la Piña de Plata, luego Floridiana, hecho célebre por el escritor Hemingway y su afición a los ‘daiquirís’. Se dice que allí el escritor inventó una receta, el “Papa doble” o “Hemingway especial”, combinación de doble ración de ron blanco cubano, jugos de toronja, limón, marrasquino y hielo, sin azúcar.

 

Este novelista vivió en dicha calle y la recorría desde su habitación N.° 511 en el hotel Ambos Mundos, al lado de la Embajada de los Estados Unidos de América para encaminarse por la acera hasta llegar a la primera banca del bar donde habrían de prepararle el espumoso y aromático trago que compartió con celebridades como Errol Flynn, Jean Paul Sartre, Gary Cooper, Spencer Tracy y ‘Dominguín’, el torero español.

Hay una anécdota sobre la búsqueda de hospedaje del escritor en el hotel Ambos Mundos. Se dice que durante un tiempo intentó, de manera infructuosa, obtener una habitación, que para él era más segura en este lugar vecino a la embajada. Un par de diplomáticos que le conocían abogaron por él y así obtuvo esa pieza, donde de pie y contemplando el mar de la bahía, redactó el original de Por quién doblan las campanas.

Al caminar por la calle Obispo, se siente como estar en Wall Street en Nueva York. Al parecer, las finanzas configuran sus escenarios. En esta calle está situado el Ministerio de Finanzas y Precio, antigua sede del Banco Nacional de Cuba, un majestuoso edificio con 16 columnas en su fachada, escalinatas de granito en la entrada y con una concisa mampostería que hace pensar en los edificios clásicos.

 

En la esquina diagonal, otro edificio llamativo es el hotel Florida con un patio interior, rodeado de diez columnas que sostienen un techo altísimo; hay una especie de entrepiso con habitaciones que miran hacia ese espacio interno con una atmósfera romántica y adornado con plantas y, al fondo, un pozo brocal que hace pensar en el trabajo antiguo de mayordomos y mozos de cocina.

Este edificio fue en principio un palacete; luego, sitio de vivienda y Palacio de Turismo. Hoy es uno de los más exclusivos hoteles en La Habana Vieja.

A su lado, el edificio de Laboratorios Johnson comparte la cuadra. De arquitectura imponente, reconstruido por la Cooperación Italiana y el Programa de Naciones para el Desarrollo. Su entrada tiene arcos y sus pisos superiores, amplios ventanales. Fue consumido por un incendio hace algunos años que destruyó totalmente su interior.

Obispo es quizás uno de los proyectos emblemáticos de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana. Eusebio Leal Spengler, quien desempeña este cargo, considera que aquí nada tiene sentido si no llega al alma. La reconstrucción, ejemplo de armonía entre los sitios de vivienda y negocios como restaurantes, bares, sedes de instituciones, museos y organizaciones públicas, demuestra que la sostenibilidad satisface múltiples intereses.

Uno de ellos, es precisamente la señora Kelly, quien perdió a su madre y solía estar entristecida por el luto; hasta que pasó por su casa una alta funcionaria de la Oficina del Historiador de la Ciudad y se esforzó por animarla; “¿por qué te amargas la vida si ya murió y no vas a solucionar nada? Ven a trabajar con un grupo de señoras”. Ella aceptó “siempre y cuando sea lejos de la casa”, le dijo a quien la reclutaba para la nueva labor.

Las barredoras trabajan durante el día; hacen un receso para la merienda; siguen en la jornada, mientras la calle se atesta con los visitantes, trabajadores y el personal que atiende la miríada de tareas que cumplen los diferentes negocios en cada una de las cuadras, mientras el sol de verano se tarda en retirarse y dar paso a la luz de los locales.

En el bar La lluvia de oro, un grupo musical alegra a los parroquianos que osan dar unos pasos de son y guaracha. Un poco más allá, en diagonal, el restaurante Europa es el escenario para escuchar a un cuarteto que interpreta ritmos más tradicionales, mientras el público bebe y prueba algunos platillos con gusto local. En otros espacios se degustan bebidas y se conversa, bajo una atmósfera densa por el humo azuloso de habanos.

Hay una combinación de fachadas en esta calle. En una misma cuadra coinciden el edificio de siete pisos de Etecsa, Centro de Multiservicios de Telecomunicaciones, diseñado en estilo neoclásico en cemento; a su lado, la Óptica Almendares, con fachada de madera y de amplios ventanales en un piso que da hacia la vía, al igual que una sucursal en granito y madera casi enfrente, donde una placa, confirma el carácter centenario del negocio, fundado en 1882 por Rafael González y rehabilitado en 2004.

Más allá, la Casa de Cambio (CADECA) en el edificio que fuera sede de The Trust Company of Cuba con cuatro fornidas columnas pegadas a la pared de enfrente. En su primer piso, grandes ventanales y balcones con verjas, al igual que en el segundo piso. Un espacioso balcón remata la parte más alta del inmueble.

Detrás del Palacio de los Capitanes Generales hay un edificio que ocupa toda la cuadra y que se distingue por diferenciarse de los demás. Es la antigua sede de la Real y Pontificia Universidad de La Habana en el siglo XVIII; luego a comienzos del siglo XX, el Colegio San Jerónimo, y también fue el Ministerio de Educación y oficinas de negocios. Contó, además, con un helipuerto poco utilizado.

Allí se ha construido ahora un inmueble blanco cuadrado que es diferente a todo, pero con amplias ventanas, cuya vistosidad consiste en que sus vidrios reflejan los edificios de enfrente. Se le ha dejado al frente una fachada antigua para recordar la obra arquitectónica original. Fue inaugurado hace poco y se tiene el propósito de hacer una universidad de ciencias en esas instalaciones.

Casi al comienzo de la calle Obispo en el antiguo edificio de la Embajada de Estados Unidos de América está el Museo de Historia Natural de Cuba. Sus exhibiciones ocupan la planta baja y el primer piso; el resto, son oficinas de investigadores, administrativos y una espléndida azotea deja ver la entrada de mar y la pequeña península donde están el Morro, la Cabaña y el barrio de Casablanca. Del lado contrario, el Palacio de los Capitanes Generales y en perspectiva, toda La Habana Vieja.

En la planta baja del museo, una sala está dedicada a los niños y los fines de semana los payasos, globos y títeres amenizan con música y juegos la enseñanza sobre especies, de fauna y flora, mundos primitivos y la relación con la rica geografía del Caribe.

Obispo sintetiza la evolución de Cuba y sus relaciones políticas, religiosas, económicas, culturales y también científicas. El trabajo de Luz María Kelly y sus compañeras deja diáfanos los adoquines, las aceras y las esquinas donde tanta historia reposa y se refleja en las fachadas, las paredes y ventanas que recogen esa alma que con acierto, menciona Leal Spengler.


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450411
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América