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Ofensiva respaldada por EU ataca selvas llenas de cocaína y muerte


Sobre el cadáver abandonado junto al camino hay un letrero que dice: "Me mataron por colaborador" con la guerrilla.
Es un escena común en esta región, donde los rebeldes de izquierda y los grupos paramilitares de derecha luchan por el control de la mayor zona productora de cocaína del mundo.
Ahora, tropas entrenadas y equipadas por los Estados Unidos serán emplazadas en este enrarecido ambiente como parte de una amplia ofensiva antinarcóticos que ha alarmado no sólo a los cultivadores de coca, sino también a funcionarios locales y a defensores de los derechos humanos.
Las tropas colombianas entrenadas por fuerzas especiales norteamericanas volarán a las selvas del departamento del Putumayo a bordo de helicópteros modelos Blackhawk y Hueys, donados por Estados Unidos. Su misión es apoderarse de las plantaciones de coca para permitir que los aviones fumigadores, que vuelan muy bajo, puedan rociarlas con herbicida sin ser derribados.
Se calcula que millares de personas tendrán que abandonar sus hogares.
El gobierno argumenta que fortaleciendo las fuerzas militares y socavando las ganancias de la guerrilla se fortalecerán las negociaciones de paz con los rebeldes. Pero esa lógica no la comparten diversas autoridades de Putumayo.
"Este no es un plan para la paz. Es un plan para la guerra", comentó Manuel Alzate, el alcalde del poblado de Puerto Asís, en el corazón de esta región cocalera.
El alcalde y otros funcionarios del Putumayo desearían persuadir al gobierno nacional a que suspendan la ofensiva, que forma parte de un paquete de ayuda de 1,300 millones de dólares concedidos por los Estados Unidos.
El gobierno, empero, no ha dado señales de vacilación. Y entretanto, los rebeldes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) ya están preparando el contragolpe.
Las FARC, que según observadores ganan millones de dólares a la semana por proteger los cultivos de drogas, al parecer imparten ahora entrenamiento militar a los campesinos cultivadores de coca, para hacer frente a la esperada ofensiva del ejército.
También está involucrado en el comercio de coca el grupo paramilitar nacional, conocido como Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y vinculado con fuerzas militares y soldados retirados.
Las fuerzas paramilitares han recortado las ganancias rebeldes al comprar a los campesinos la pasta de coca - la base que se utiliza para hacer cocaína - a mejores precios que los rebeldes.
Ambos grupos son notorios por sus violaciones a los derechos humanos.
El jefe paramilitar del Putumayo, quien insistió en ser identificado únicamente por su alias de guerra, Halcón, reconoce de manera casual que sus fuerzas han cometido abusos.
Vestido con pantalones de vaquero y una camiseta negra de la exclusiva casa italiana Armani Exchange, Halcón dice que estas tácticas paramilitares son un componente fundamental de las fuerzas de seguridad del estado.
"No hay zona de Colombia que haya sido retomada por el gobierno sin nuestra presencia. Nosotros podemos operar eficientemente porque no tenemos las restricciones judiciales que tienen las fuerzas gubernamentales", dijo el jefe paramilitar en una entrevista concedida la semana pasada en un campamento fuertemente custodiado cerca de Puerto Asís.
Una hora después de la entrevista, periodistas de la


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101 años de Panamá América

 
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