El alemán Oliver Kahn y el irlandés Roy Keane salen como villanos del primer asalto de los octavos de final de la Liga de Campeones, señalados como culpables del mal resultado del Bayern Múnich y el Manchester United, dos "gigantes" que se exponen a una eliminación prematura.
Una mala elección, una decisión equivocada en un lejano lanzamiento de golpe franco del brasileño Roberto Carlos ha echado por tierra el prestigio de Oliver Kahn, a quien se culpa de enterrar con un mal resultado (1-1) el mejor partido del Bayern Múnich en toda la temporada.
En el minuto 82, cuando el Bayern daba por seguro el triunfo frente al Real Madrid, gracias al gol logrado por el holandés Roy Makaay siete minutos antes, Kahn trató de atrapar el balón lanzado por Roberto Carlos, en vez de despejarlo, y la pelota se le escurrió entre los brazos.
Kahn no ha encontrado, en esta ocasión, tanta comprensión como cuando año y medio antes falló en la final del Mundial contra Brasil. Ni siquiera sus compañeros se esforzaron demasiado por consolarle cuando concluyó el encuentro.
Tras la final de Yokohama, tuvo que ser un jugador del Borussia Dortmund y el más joven de la selección alemana, Christoph Metzelder, el que acudiese a sacarle del fondo de la portería en la que "rumiaba" su mala fortuna.
El martes, en el Olímpico, no tuvo esa mano amiga. Según Lothar Matthaeus, el anterior propietario del brazalete de capitán en el Bayern y en la selección alemana, sus compañeros no están dispuestos a hacer nada por un jugador que no ha dudado en criticarlos públicamente.
Su particular propósito de enmienda ("Estoy dispuesto a ganar el partido de Madrid yo solo) no ayuda mucho a la hora de recuperar el aprecio de sus compañeros y de una afición que ya el pasado año le nombró "el deportista alemán más antipático".
Como Kahn, el irlandés Roy Keane es hoy el centro de las iras de la afición del Manchester United, decepcionada por la actuación de su equipo en Oporto (2-1).
A "Keano" se le considera el entrenador en el campo, la prolongación sobre el césped de la mentalidad de Alex Ferguson, quien impuso que el centrocampista irlandés debía ser el mejor pagado de la plantilla, una de las causas de su enfrentamiento con David Beckham. Pero el rendimiento del centrocampista, de 33 años, ha bajado en las dos últimas temporadas y ya no tiene "carta blanca" entre la afición de Old Trafford.