No cabe duda de que, como decía Gracián refiriéndose a los genios, las palabras también tienen su tiempo.
En época de Carnaval, por lo menos entre la mayoría de los panameños, se empieza a escuchar un léxico especializado, una especie de campo semántico, en el que sólo caben palabras como rumba, culeco, mojadera, guaro, desorden, gozadera, carroza, reina, pub, comparsa, desfile, rumba, etc.
Los más desaforados hablan de “demencia” y “ponchera”.
Sin entrar en las subjetividades que, de seguro, ello motiva, nos limitaremos a decir que, en mayor o menor medida, el vocabulario que empleamos también es un reflejo de cómo la sociedad se ve atrapada por la fuerza de la costumbre, el imperio de la publicidad y por las circunstancias propiamente tales.
El lenguaje en los tiempos de política
Cada cinco años (como cada temporada de inicio escolar) los panameños empezamos a desempolvar un lenguaje propio de los procesos electorales.
Si se midiera (como científica y lingüísticamente puede hacerse) nos daríamos cuenta de que el índice de frecuencia de algunas palabras se dispara. Pareciera que sólo se habla de eso y de todo lo que es vinculante.
En el habla popular (que rebasa en mucho al habla formal), el panameño común emplea más el verbo “lanzarse” que “postularse”.
“Lánzate para alcalde” decimos la mayoría de los panameños cuando hablamos naturalmente. O “Fulano se lanzó para diputado”.
Ninguna de las diez acepciones del verbo “lanzar” se refiere a este particular uso panameño.
Entre las palabras que con mayor frecuencia se emplean en estos tiempos de mayo que cada cinco años la democracia nos permite disfrutar están:
Palabras institucionales: Fiesta democrática, voto, padrón electoral, candidato, primaria, campaña, postulación, apoyar, conteo, escrutinio, cierre de campaña, simpatizante, copartidario, independientes, residuo, cociente, curul, escaño, gancho, plancha, casilla, propuesta, donantes, verifícate, centro de votación, jefe de campaña, estrategia publicitaria …
Palabras que huelen a promesas: cambio, compromiso, oportunidad, canasta básica, transporte, educación de calidad, seguridad, palabra, beca, ayuda, jubilación, empleo…
Palabras de contraataque: permitir, botellas, continuismo, engañar, diatriba, insulto, propaganda negativa, propaganda sucia, diferencia, dictadura, democracia, pobres, demagogia, conocer, defraudar, desgobierno, señalamiento, crítica, “No más mentiras”, “más de lo mismo”, sinvergüenzura, manipulación…
Palabras persuasivas: “tu voto vale”, criterio, “sal a votar”, “defiende tu voto”, “elige bien”, “vota a ganador”, “vota temprano”.
Palabras llenas de yoísmo: resultados, “mejor opción”, “tú me conoces”, “cuenta conmigo…”, “tu diputado”, “quiero seguir ayudándote”, “Ayuda a X para que X ayude a todos”, verdad, trabajo, honestidad, trayectoria, “el cambio soy yo”…
Palabras que indican grupos: gobierno, oficialista, oposición, alianza, respaldo. Palabras finales: victoria, triunfalismo, ganar, proclamación, gobernar, conciliación,
Bien lo dice el Diccionario
No habría podido definirlos mejor el Diccionario. Me refiero a los términos “electoral” y “electorero”.
Del primero dice: “Perteneciente o relativo a la dignidad o a la cualidad de elector. Perteneciente o relativo a electores o a elecciones”.
Del segundo, en cambio, se expresa peyorativamente: “Perteneciente o relativo a las intrigas o maniobras en elecciones. Muñidor de elecciones”.
¿Qué entendemos por muñidor? Persona que tiene como fin concertar tratos o fraguar intrigas.
Durante esta época de elecciones es muy común que la gente emplee una frase viciada por incorrecta: “comicios electorales”, que resulta una redundancia porque ya los comicios, por definición, son elecciones. La palabra “comicios” pertenece a una categoría denominada en español “pluralia tántum”, es decir, que sólo existe la forma en plural (víveres, ambages, exequias, etc.). Por tanto no se da la forma comicio, sino sólo comicios.
Padrón electoral, en cambio, no es una redundancia, porque en su sola definición, la palabra “padrón” puede referirse a la lista o nómina de las personas registradas en un lugar, pero ese registro no necesariamente se debe a un propósito electoral.