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Panamá, Paraná

Ahora nuestro país suena mucho. Suena por lo bien que hace muchas cosas, por las ganas de seguir creciendo, por la madurez al votar, por las cosas buenas que están pasando allí.


Panamá que, como ya sabemos viene de “abundancia” en lengua “kuna”, anda en boca de todos. Posición geográfica abundante, historia abundante en valentía, crisol abundante de razas (a pesar de los nuevos aires raciales), crecimiento espectacular (para unos mucha abundancia y para otros no tanto) y una creatividad narrativa abundante que se evidencia en todos los géneros. Abundancia por todos lados aunque suene a reiteración.

Cuenta Borges que su padre escribió una novela. Él, contribuyó a la obra de su progenitor con unas “metáforas infames” y se arrepentía mucho de ello. Aquella novela, “El Caudillo”, hablaba de la guerra civil de 1880 que se libró en Entre Ríos, Argentina. Los editores mallorquines de la obra decidieron corregir al padre del maestro argentino y allí donde ponía “Paraná”, lugar donde nació Jorge G. Borges, pusieron “Panamá” creyendo que corregían un fallo del autor. Ante el error -eran quinientos ejemplares que no salieron del ámbito familiar-, Borges padre decidió no decir nada y la cosa se quedó así: resultaba divertido, decía. La novela “El Caudillo”, por obra y gracia de los duendes de imprenta, transcurre, al pie de la letra, en Panamá.

Con Rafael Alberti, y por la misma vía argentina, pasó un tanto de lo mismo. Resulta que me compré hace años una antología muy económica de los poemas de Alberti, editada por Editorial Óptima y con un contenido parecido al de “Los poemas del destierro y la espera”, una antología que agrupa su poesía “desde fuera”, en la que mira a su tierra natal y lo que allí pasa. Yo la leí de chico y se convirtió en una puerta para mí. La diferencia entre una y otra antología es que la primera, en su contraportada, decía incluir “Balada y caricias de Panamá”. La compré de inmediato, con la alegría en el corazón por el hallazgo, por el vínculo entre mi poeta y mi tierra a pesar de que el título me parecía un poco desafortunado. Pero no, otra vez era cosa de los duendes.

Alberti estuvo en Panamá en 1935 y allí coincidió con Sinán y Laurenza. Y sí que le escribió a Panamá, no las baladas y caricias aquellas de mi antología apócrifa, pero me gustó mucho leer el nombre de mi tierra vinculado con el de los escritores que más admiro. Borges y Alberti se cruzaron con Panamá sin saberlo ellos.

Ahora nuestro país suena mucho. Suena por lo bien que hace muchas cosas, por las ganas de seguir creciendo, por la madurez al votar, por las cosas buenas que están pasando allí. Y también por sus escritores. El nombre del Panamá literario poco a poco está siendo más escuchado y considerado. Allí, a la vuelta de la esquena está la Feria del Libro de Panamá, atrás quedó la excelente representación de nuestras letras en República Dominicana y el reciente Congreso de Críticos y Cuentistas. En la Semana Negra de Gijón, Panamá estuvo representada por Juan David Morgan y algunos escritores están siendo publicados aquí. Y vienen más cosas, se están abriendo más caminos.

Panamá necesita más difusión, necesita una mayor proyección internacional que nos evite el “Panamá, Paraná” que nos vincula por los duendes de imprenta con Argentina. Ahora que arrancamos esta nueva etapa en el INAC, es el momento de tirar todos, juntos y parejo, del carro de nuestra Cultura. Este no es el momento de encaramarse, de lambonear, de no moverse para salir en foto. Estos son días para buscar, para sumar y no restar, para abrirse y abrir espacio a otros que vienen a nuestro lado, tan panameños y tan escritores como uno mismo. No vale cerrar puertas, no vale invitar solo a mis amiguitos porque, aunque Panamá sea una fiesta, no es la fiesta de uno o de otro, esta fiesta es de todos.


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937140
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América