La introducción del simulcasting de eventos hípicos y la regularidad con que se disputan las carreras durante cada reunión nos ha impuesto a los hípicos un ritmo acelerado.
Es decir, nos cuesta mucho esperar más de 15 minutos para volver a disfrutar de la emoción de ver a los equinos salir como “tapón de champaña” de la gatera.
Esta nueva realidad parece que no ha sido asimilada del todo por quienes tienen que ver con el desarrollo de las carreras nacionales.
En más de una ocasión, en el último año, hemos manifestado que es perjudicial para la buena marcha del espectáculo las demoras que se dan detrás del partidor. La hora oficial de partida pasó a la historia. Ahora las carreras se dan a la hora que le plazca a los comisarios, al juez de partida o a quién sea.
Primero se demora una eternidad en el paddock, luego el desfile protocolar -que ha perdido su colorido, debido a que más de la mitad de los participantes son llevados directamente al partidor - y posteriormente el anuncio de la partida es otra larga espera.
Pero, si usted cree que allí termina el suplicio, se equivoca, porque al momento que comienzan a cuadrar (colocar en el partidor) a los ejemplares salen a relucir todas las mañas, indocilidades, genios y malos hábitos de la mayoría de los competidores.
El resultado es que las partidas se retrasan 8, 10 y hasta 15 minutos después de la hora programada, siempre uno o dos participantes salen mal y la plata del público queda en el hueco.
Hasta cuándo tanto abuso y sufrimiento.