El reportero colombiano Wilson Lozano, liberado el martes junto con seis colegas tras permanecer durante cinco días como rehén de guerrilleros de las FARC, rechazó ayer la coacción ejercida por los rebeldes contra la prensa en las zonas de conflicto.
"Con este secuestro se ha maltratado el libre ejercicio de la profesión y queremos hacerle un llamado a los actores del conflicto para que digan públicamente si van a permitir la libre movilización de los periodistas", declaró Lozano a radioemisoras.
Los siete comunicadores capturados el viernes por subversivos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, marxistas) están destacados en la ciudad petrolera de Barrancabermeja (noreste), pero cubren una vasta zona conocida en el país como el Magdalena Medio, escenario de feroces choques entre el Ejército, los guerrilleros y los paramilitares de extrema derecha.
El comando de las FARC que secuestró a los reporteros señaló que quería que éstos "constataran los desmanes contra la población civil" que, según indicó, cometen los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en el Magdalena Medio.
De hecho, los periodistas fueron liberados con un comunicado en el que, según anticiparon, el frente 24 de las FARC denuncia las acciones violentas de las AUC en un área limítrofe entre los departamentos de Bolívar y Santander, donde está Barrancabermeja, recordaron los comentaristas. Previamente, los paramilitares habían rechazado la acusación de las FARC y denunciando que los subversivos utilizaron a los reporteros como "escudos humanos" en los combates que libran los grupos armados.
Tras la liberación de los reporteros en Barrancabermeja, sigue en cautiverio el fotógrafo colombiano de la agencia británica Reuters, Henry Romero, capturado el pasado 26 de octubre por un comando del ELN en una montaña del suroeste del país.
Los rebeldes anunciaron que Romero será liberado cuando explique la publicación de unas fotografías, tomadas pocos días después del secuestro por el ELN de más de 150 feligreses en un templo católico de la ciudad de Cali (477 km al suroeste), y en las que, además de los rehenes, se ven los rostros de algunos jefes guerrilleros.
En la región donde los comunicadores permanecieron cautivos también opera, en alianza con las FARC, un nutrido comando del Ejército de Liberación Nacional (ELN, guevarista), el segundo movimiento insurgente de Colombia. Los siete periodistas tomaron nota de la situación que se registra en el Magdalena Medio, pero no asumieron ningún compromiso con los rebeldes para divulgarla, dijo Lozano.
Decenas de comunicadores que en la mañana del martes protagonizaron una marcha callejera en Barrancabermeja (380 km al noreste de Bogotá), en demanda de la libertad de sus colegas, exhibieron pancartas en las que se leía: "No es con fusil que se informa la realidad".
El secuestro de los periodistas fue condenado por el presidente colombiano, Andrés Pastrana; la oficina en Bogotá de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Mary Robinson; y la Iglesia católica, que coincidieron en señalar que se trataba de un "grave atentado contra la libertad de prensa".